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Carta a Juan Carlos Prieto Calderón

JUAN ÁNGEL SANTOS

 “Saca la basura de tu mente. Basura es todo aquel pensamiento que te distraiga de lo que realmente importa: estar presente plenamente en este momento, aquí, ahora”.

Esta recomendación corresponde al libro El camino del guerrero pacífico escrito por el polifacético Dan Millman y llevado al cine en 2006 con la película El guerrero pacífico, en la que se recrea una etapa de superación y de cambio, vividas por el propio Millman, que vio como un accidente truncaba su sueño olímpico abriendo un mundo nuevo de posibilidades que le llevaron a convertirse en maestro de artes marciales, entrenador y catedrático universitario.

Juan Carlos, no nos conocemos personalmente, sin embargo, tu actitud de los últimos tiempos es un aval, un depósito de confianza que merece, por mi parte, dedicarte el tiempo y el respeto que te has ganado mostrando firmeza y convicción en un pueblo en el que el interés personalísimo, es uno de los principios rectores de la vida diaria. Por otra parte, somos socialistas sin complejos, de manera que, al margen de militancias partidistas, algo de sintonía ideológica debemos mantener, lo que no deja de ser un buen principio.

Tenemos otra cosa en común: habernos incorporado a la vida política de Alburquerque en mitad de la tormenta, pero como dicen algunos, “ningún mar en calma hizo experto a un marinero”. La lucha constante contra una naturaleza desatada obliga a tomar decisiones desde la más absoluta inexperiencia y te conduce a cometer errores pueriles que solo el tiempo corrige. Al final, esa urgencia y esa inquietud constante, te convierte en una persona prudente y reflexiva que busca cobijo y se prepara para cuando cese el temporal y el sol temple la tierra.

En realidad, Alburquerque vive en una permanente tempestad política desde que la democracia llegó a las puertas del castillo. No ha habido legislatura sobre la que no sobrevuele la sombra de la duda o haya estado sometida al riguroso juicio de una opinión pública libre en su ejercicio, pero condicionada en sus fundamentos. Si te cuentan que los primeros pasos de Vadillo al frente de la Corporación fueron ilusionantes, te mienten. En esos primeros días se fraguó el destino fatal que hoy vive nuestro pueblo. Nunca ha habido descanso.

No se me da bien la tarea de tutor ni de maestro. Prefiero la reflexión en voz baja y con teclado en mano, pero, por primera y última vez, te daré esos consejos que, como el dicho, para mí no tengo.

En los últimos tiempos habrás aprendido más sobre nuestro pueblo y sus gentes que en toda tu andadura previa. Ese pueblo que hoy calla y grita a la vez, es el mismo que vitoreaba a Juan Viera y que, como a un cadáver sin nombre, lo enterró en la fosa común de la memoria, el mismo que recibió como salvadores a Arturo Álvarez y Esteban Santos para, al final, ajusticiarlos en las urnas sin la más remota contemplación, el mismo que jaleó a Emilio Martín y le acarició el lomo durante dos legislaturas para someterlo, finalmente, a juicio sumario e inmisericorde, el mismo que elevó a Ángel Vadillo a la categoría de santo y, por lo que escucho, ya hoy lo arrastra y lapida en un moderno vía crucis en el que, no habrá ningún Simón de Cirene que le ayude a portar la cruz hasta el Gólgota.

El pueblo es sabio y es soberano, pero también es dependiente, visceral y fácilmente influenciable. No es un mal endémico de Alburquerque, es una pandemia generalizada en la sociedad. La libertad no es un producto gratuito, solo las dictaduras se compran en rebajas. Para un pueblo pobre como el nuestro, habituado a comprar en mercadillos, era lógico acabar como hemos acabado.

¿Y ahora qué? … en mitad de la tempestad se han desatado las Furias desde el inframundo para castigar los crímenes y reclamar venganza, la primera en llegar ha sido Alecto, la erinia encargada de castigar los delitos morales. Una pléyade de jueces y jurados deambula por las calles y las redes buscando responsables, no basta con Orestes, hay que repartir el pecado para disimular la culpa.

Verás a tu alrededor, en los tiempos venideros, una riada de contorsionistas que giran su cabeza al ritmo de los acontecimientos. Llegarán, a diestra y siniestra, caballeros adalides dispuestos a competir en torneo ofreciendo al heredero, sus servicios a cambio de olvidos y reconocimientos. Encontrarás arlequines advenedizos mostrando su astucia y su necedad para divertimento del respetable, también curanderos y charlatanes que intentarán vender su bálsamo sanalotodo elaborado con la esencia de la estupidez.

Escucha a todos, sin menosprecio y sin prejuicios. Entre esa variada fauna que puebla la sabana alburquerqueña, encontrarás el verdadero acervo popular, el que está inmunizado contra la sumisión y el enfrentamiento, el que no busca rédito más allá de Los Conejeros, el que lleva en la sangre el latido del pueblo y en el alma, reprimido por la vergüenza, el grito del cambio, no de gobierno, sino de actitudes y comportamientos.

Refuerza tus convicciones y mantente firme. Evita correas y cadenas que comprometan tu independencia. Equivócate, estás en tu derecho a hacerlo y aprende: todos los aciertos están trenzados con las mimbres del error. Si te llaman egoísta, sonríe y saluda, pero nunca jamás pongas en riesgo tu felicidad personal y familiar por satisfacer el interés colectivo, nadie te lo va a agradecer nunca.

“Cuando por fin logres vivir el presente, te sorprenderá todo lo que puedes hacer y lo bien que lo haces”.

Juan Carlos, no dejes de ser nunca un “guerrero pacífico”

Un abrazo compañero.

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Portada: Orestes perseguido por las furias. William Adolfe Bouguerea.

Foto 2: Juan Carlos Prieto, interviniendo en una reciente convención de las Juventudes Socialistas.

Foto 3: Prieto, defendiendo a los trabajadores municipales en una concentración en la plaza.