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El viaje a ninguna parte

FRANCISCO JOSÉ NEGRETE (Artículo publicado en AZAGALA impresa en 2012)

Cuando Ángel Vadillo iba caminando en dirección a Madrid, alguien le llamaría para comunicarle la sentencia que le condenaba por dos delitos. Debió caer como un jarro de agua fría en un hombre que estaba tratando de que los medios de comunicación hablaran de su peculiar cruzada contra la decisión del gobierno de congelar las ayudas a los nuevos proyectos de termosolares. De pronto una noticia muy negativa para su imagen ocupaba el interés informativo en Extremadura y era portada de los periódicos, lo que no logró con su caminata.

Esta revista viene hablando de la situación de quiebra a la que Vadillo ha llevado al ayuntamiento fruto de su despilfarro temerario. Antes de las elecciones municipales de 2011, a pesar de cómo estaban las arcas municipales, pidió un préstamo de más de 3 millones de euros que se fundió como todo el dinero que toca. Total, que tras las elecciones llegó la ruina total y, por ello, Vadillo esperaba que alguna termosolar cayera del cielo. A las 19 aprobadas llegó tarde y su partido no le concedió el decreto con las 5 plantas que tanto persiguió en los tres meses que estuvo en Madrid. Nos dijo al principio que lo había recibido la creme de la creme del PSOE y al final confesó que no fue capaz de hablar con nadie relevante.

Cuando hace varios meses el nuevo gobierno popular congeló las primas, Vadillo no rechistó, porque entonces estaba en otro asunto y decía tener la solución para lograr dinero a espuertas: una ONG con la que se comprometió a sacar 10 millones de euros todos los años y  en cuyo proyecto embarcó al pueblo durante unas semanas. No sabemos si alguien le quitaría el delirio de la cabeza porque nunca más se supo de aquello. Y, de la noche a la mañana, echa manos de las renovables y se le ocurre irse andando a Madrid para exigir al ministro que diera las ayudas a Alburquerque y, de paso, también a Extremadura. Se erige en defensor de toda la región, porque hay que reconocer que tenía razón al hacer notar el golpe que supuso la paralización de las ayudas a las renovables. Vadillo quería conseguir lo que no pudo el presidente extremeño, Monago, quien pidió al Ministro de Industria y al propio Rajoy que hicieran una excepción con Extremadura y abrieran un nuevo registro de plantas con primas.

Vadillo, que no fue recibido por el anterior ministro de su partido, espera que el del PP se siente con él y nos conceda las renovables. Porque, después de la caminata, no iba a ser tan insensible como para no darle los proyectos que salvaran al pueblo de la catástrofe, o mejor dicho, le salvaran a él cuando tenía la soga al cuello.

Porque –a muchos no nos engaña- el decreto que realmente le ha hecho daño es el que le obliga a pagar los millones de euros que debe a proveedores y que no pensaba pagar, como si las empresas no tuvieran trabajadores que alimentar. ¿De dónde saca el dinero ahora? Nadie está tan ciego como la Caja Rural para dejar en sus manos cientos de millones más. Por ello, amenazó en los medios con subir impuestos, pero es que las políticas de despilfarro siempre las acabamos pagando los vecinos, incluso pagaremos el de la basura, una tasa que eliminó el anterior gobierno socialista de Emilio Martín en 1994, justo antes de que llegar Vadillo a la alcaldía para que todo el pueblo se beneficiara en algo por los Baldíos.

La caminata de nuestro alcalde es una huida hacia adelante, un viaje a ninguna parte, una forma de decir al pueblo que lo ha intentado todo por salvar un proyecto, el suyo, que ha hundido la economía municipal para los restos. Una gestión catastrófica que era una gran mentira, pero que mucha gente se ha creído. Vadillo es un alcalde al que muchos quieren mantener vivo como sea, incluso como al Cid, sujetándolo cuando ya estaba muerto, porque no les importa su salud, ni la degeneración política actual, ni el futuro de Alburquerque, solo les importan sus bolsillos y prebendas.

Y, para colmo de sus males, cuando aún no había salido de Extremadura, le cae la sentencia como un hachazo, sentencia que sus seguidores consideran injusta porque le defienden ciegamente y nunca se han parado a pensar el terrible daño que hicieron sus palabras y amenazas a una mujer indefensa. Cualquier miembro de su partido, que tanto aboga por la igualdad y por la defensa a ultranza de la mujer, debería estar satisfecho porque se ha hecho justicia al condenar a un alcalde que abusó de su poder para coaccionar a una mujer que solo estaba defendiendo sus derechos.

La verdad es que su defensa era muy difícil porque las pruebas eran abrumadoras, pero la estrategia no pudo ser más inconsistente. Está bien que Vadillo eche siempre a otros la culpa de sus errores, pero que quisiera convencer a una juez de que había una conspiración entre un periódico regional, una revista local, un antiguo alcalde, un abogado y un hombre ya fallecido, era considerar a esta profesional como a muchos de esos a los que engaña con cualquier enredo.

Vadillo no irá a la cárcel. Yo mismo que tanto le he atacado por su ejercicio totalitario del poder, su falta de transparencia y su pésima gestión de los recursos públicos, no le deseo ningún mal en lo personal. Es más, entiendo que ahora debe seguir al frente del ayuntamiento para ver cómo lo saca de la situación catastrófica en que lo tiene. Una inhabilitación le vendría incluso bien porque así le pasaría la patata hirviendo a otro, o a otra más bien: Marisa Murillo o Magdalena Carrasco. Fuera a quien fuera, las imagino temblando por si les toca la china y de pronto se encuentran sentadas en un sillón, el de la alcaldía, que sería uno de los últimos lugares del mundo donde ellas mismas quisieran sentarse ahora.

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POrtada: Vadillo, tumbado en la furgoneta, en Madrid, durante su huelga de hambre.

Imagen 2: Salida hacia Madrid caminando.

Imagen 3: Vadillo ante el tribunal que le condenó a cárcel e inhabilitación por amenazas con publicidad a una mujer y por obstrucción a la justicia.

Imagen 4: Este mismo artículo (extractado) en la edición impresa de AZAGALA. En el año 2012.