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CARTAS EMPONZOÑADAS (VII)

ANTONIO L. RUBIO BERNAL

 

Puerto de Albahacar, febrerillo el loco (éste, rematao), 2021

Ay, Rosita, menos más que te tengo a ti, sostén para mis afligimientos; últimamente sólo estoy a gusto si median cien metros entre mi familia y yo. En el cuchitril hago la vida. No te lo pierdas, ahora, el culpable de lo vuestro soy yo. ¡Arrea! Mi nieto que por qué me tuve que ir de la lengua; y yo, sin cortarme, “de acciones te fuiste tú. No haber alardeado tanto en casa”. Sólo sé que por el Fuero del Baylío, aquí mando también yo, y en el campo igual. Pa güevos, los míos.

¿Qué tal estás, hija? Por lo oído, Portugal está fatal del virus. Echo en falta las llamadas cuando, tras hablar con el susodicho, éste la pasaba porque TÚ querías saludarnos: “¿Se encuentra bien, Sr. Ramiro? Cuídese, sin dejar de comer, beber un poquito de vino, y leer, que a usted le gusta mucho”. Por el contrario, de la manera que me entregó la última carta (bueno, no me la dio, la dejó en la mecedora del zaguán y con ínsulas me dijo: “Ahí tiene la carta de ésa”), creo que mi nuera te ha cogido ojeriza.

No creas, últimamente no tengo fina la sesera; que no, que se me atranca y no siempre me resulta fácil mantener la calma por culpa de toda la marabunta que aquí hay; que si la “acctal” dispuesta a morir con las botas puestas, que si se aferra al sillón como una lapa, que si perritas pal bolsillo… ¡Qué sé yo! Y el panorama de llegar a viejo en Puerto, jodido; y si no puedes vivir en familia, una penuria. Casi sin atención sanitaria por falta de servicios de enfermería en las residencias, en proporción de uno para las cuatro, ¿dónde se ha visto eso? Sin perra alguna andamos, salvo para su sueldo y el de dos concejales liberados. Es tanta la mierda que ni con toda la piedra pómez que cubrió a Pompeya se limpia. Pero remover conciencias en Puerto no se lleva; la guerra fraguó nuestro carácter. Así que tanta ponzoña no todos la digerimos del mismo modo; para algunos el dolor es superior al que esperábamos, convirtiéndose en suplicio; otros, por el contrario, no han visto abatido su ánimo por más que las circunstancias sean adversas. ¡Menudo tejemaneje de gerifaltes en cinco lustros!

Y digo yo, Rosita, ahora que algunos cabecillas del “Resistencia” presumen que los tenemos entre la espada y la pared (sí, porque para algunos el guarrazo será cuestión de días, si no de horas), ¿no te parece raro que ni Dios píe? No hay gato que pisándole el rabo no chille, ¿verdad? ¿Será estrategia? La alcaldesa cosechó otro éxito en el último pleno; y otra carta del mentor al Hoy (los va a aburrir), donde criticaba el “estipendio” de la “acctal”, y me gustó mucho el final de un tal Altamirano: “la insolencia es el escudo de la desvergüenza y la fortaleza de la cobardía”. Pero hubo más: tres artículos de periodistas (uno de ellos, un tal Tinoco, ponía a l’enfant terrible, Negrete, por las nubes, cual Robin Hood local); otro de Gutiérrez, el Ipalense (tiene mérito este hombre); Píriz (digno descendiente de Puerto) ofreciendo información muy valiosa; y las redes, ya corren de tu cuenta. Y aquí lo menester es que lleguen otros y digamos como los Troneras cuando liquidaban el pienso en lo del pobre Paulino “Pitone” (Q.E.P.D.): “borrón y cuenta nueva”; y a bien sea como dijese Sabina que “no hay nostalgia peor que añorar lo que nunca, jamás, sucedió”.

Bien sabes que desde lo vuestro siento cerote de salir a la calle por temor a preguntas. ¡Presumí tanto de vuestra relación! Ahora debo decírmelo a mí mismo: Ramiro, mírate al ombligo, olvida lo que no fue tuyo y batalla por atesorar lo ganado. Cuídate mucho, por favor, no corras riesgos. Siempre en mi memoria y por qué callarlo, también en mi corazón, Ramiro.

Monsaraz, fevereiro 2021

                Hola, de nuevo, Sr. Ramiro, aquí andamos con nieblas que no dejan ver a dos palmos. El pueblo así recobra su encanto medieval, pues pareciese sacado de un cuento, con sus calles grises, nadie en ellas, sus fachadas encaladas y en casa jengibre y miel de tomillo, muy bueno para combatir el constipado. También tomo bastante té verde, dicen que si para repeler la COVID. Perdone, no debo callarme: ¡O quanto eu gosto das suas palabras sobre mim! Gracias, mil gracias por tan loables cumplidos.

¡Cómo as coisas ficam sem sua culpa! Mi consejo: no haga caso. Me telefoneó su nieto con intención de retomar lo perdido, con razones no exigidas, y con intención de involucrarme en conversación no deseada: “que si…, que si…, yo, tú, nosotros”, todo con tal de no admitir que ya es tarde. Esperando un discurso cuidadosamente elaborado, le solté: “por favor, c’est fini; em sintonía com sua nota”. Y no se lo pierda, osó llamarme Mabel, mi amiga. La despaché con “espero que aconteça a mesma coisa com você”, sin pensar para nada en Mago de Oz “te juraré todo el mal que me hagas”. Una traición ni se olvida ni se perdona sólo con intenciones; además, ¡o que eles saberão sobre os sentimentos dos outros! Ya está mi compañero Joao tirando la caña, y eso que le hago el mismo caso que a un perro en misa. Mas estes não sao tempos de atrito. Además, implorando estoy que termine esta cruel pandemia para perfilar mi futuro: si quedarme en Evora (próxima a mi padre y la bodega), de profesora becaria en la Facultad u opositar en Lisboa a Administrador AD7 de la Unión Europea. Tudo no seu tempo; Badajoz definitivamente, no.

Hoy no he dormido bien, pues como dijese Chaves Nogales “de la guerra y de la revolución lo peor es el sueño que se tiene siempre” (la COVID, aquí, pura guerra; la revolución, por Puerto), y me he levantado sin ánimos de nada salvo estar coqueta para mí misma. Con esto del virus (Portugal está desastrosa; bueno, sabrá que hasta las fronteras han cerrado y Alemania presta ayuda), llevaba tiempo sin acicalarme: baño relajante de sales, maquillaje, vestimenta de Desigual, con chaquetilla de Carola Monje (al tener poco pecho, todo me sienta bien), cubierta con abrigo de Ralph Lauren, y como complemento, aparte de mis uñas pintadas de burdeos Lancôme, mi reloj Omega Constellatio, herencia de mamá, símbolo del mimo a mi perfil familiar. ¡Eu tenho idade suficiente para gostar de homens!, Jjjj ¡Pero si no hay nadie salvo los parroquianos! Recuerdo cuando de joven, en lo concerniente al vestidor, era un desastre: jamás doblé nada, todo fue desorden, arrugas, descosidos, incluso llegué a pisar más de una vez la ropa en el suelo junto a la mesilla. Me invade el deseo de ir sola A Taverna Os Templários, próxima a Rua Direita, a comer “bacalhau a brás” (me gusta más que a los chivos la leche), regado com uma garrafa de Adega de Borba Branco 2016 (tudo o que resta para casa), sentadita en silla de tijera en mesa de terraza, ahora que no hay turismo. Con mi bica, licor Beirao y Pueblo, mi tabaco vegano, junto a la estufa, aprovechando estos días de embrujo, dar fin a la novela “Las ataduras” de Carmen Martín Gaite (¡Me encanta!, y me está ayudando un montón). Eso sí, tomando todas las medidas anti-covid, partidaria como soy de castigo ejemplarizante, vía sanción, para todos los irresponsables e insolidarios. Aunque no lo entienda, no podemos dejarnos caer la economía aún más, porque si no, los problemas serían mayores. Cortemos con encuentros, visitas, reuniones, por supuesto, de fiestas ni hablar –¡Há muito pouco para comemorar!-, pero NO dejemos de trabajar. Países como España y Portugal no pueden permitirse ese lujo; significaría ser incapaces de hacer frente a este enorme problema. ¡O futuro é incerto! ¡Quién nos iba a decir que viviríamos una pandemia en el año 2021!

Respecto a su senectud, llegar a anciano es triste en todos sitios pero mejor eso que no llegar. Otra cosa muy diferente es en qué se convirtió hace tiempo un anciano en la Villa; en chollo para los gobernantes vía votos. Las residencias debieron estar siempre en manos del SEPAD (uh, seu director teve que renunciar por ter sido vacinado indevidamente), pero tienen mayor rentabilidad “democrática” estando en poder de los ayuntamientos y así poder chantajear con cupo de plazas. Dese cuenta que las susodichas, en el régimen vadillista, de haber sido buque insignia de la atención social se han convertido en galardones de su fracaso. A propósito, me gustó mucho el artículo de Gutiérrez, “Alburquerque en la encrucijada”, del que el mentor dijo que “es el camino, que todos conozcan nuestra situación municipal, el desbarajuste económico, la falta de democracia y la ruina generalizada”.

                Mire, se lo explicaré brevemente: ahí nadie se quiso dar por enterado (somos muy adictos a la fácil “entrada/salida de oídos”), y cuando la gente se muestra indiferente, ya se sabe: a corto, medio o largo plazo salen a relucir las clacas. Un desbarajuste de cuentas desde illo tempore no puede traer otra cosa que incapacidad financiera, pérdida de subvenciones, embargos, devoluciones de lo indebidamente percibido, vacío total de cash y sin recursos para el reflotamiento, salvo anticipos (a gusto se habrá quedado la Diputación). ¡Qué bien hizo en su libro llamar al ayuntamiento “La Casa de los Truenos”!; ahora truena, y bien.

                Uy, le dejo; me queda hacer realidad los proyectos relatados. Todo meu amor por você, bom homem. Le desea lo mejor, “su” Rosita, la Portuguesa.