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HISTORIA DEL FEMINISMO: Lo Queer. La teoría y el movimiento social. La perspectiva feminista

CHARO CEBALLOS

 

La palabra queer significa raro, extraño, torcido. En sus orígenes se utilizaba de forma peyorativa para referirse a los homosexuales, sin embargo, el movimiento queer dará un nuevo significado al término y la connotación tornará en sinónimo de lucha y positividad. “Los raros y las raras” harán suya la palabra que los había estigmatizado y le darán un nuevo significado, según Javier Sáez. Lo queer no solo hace referencia a un movimiento social, también es una teoría o un conjunto de teorías que nacen en un contexto social marcado por la aparición del SIDA y por la crisis del propio movimiento homosexual. Dicha crisis deriva de la doble exclusión que se estaba viviendo entre la comunidad homosexual estadounidense en la década de los 90, que no solo se encontraron marginados por la normatividad heterosexual imperante, es decir, por aquellos que los encontraban desviados de la “norma”, sino también por aquellos que se adscribieron a una suerte de “identidad gay” y que consideraban al resto de los homosexuales fuera de su círculo. Esa identidad obedecía a la del hombre blanco homosexual con una buena posición económica y social y con alto poder adquisitivo, cercano pues a un estatus relativamente conservador. Las mujeres lesbianas, las personas negras o pobres, los transexuales y los seropositivos no encajaban en esa nueva “identidad gay” emergente que había adquirido visibilidad y poder, tal como indica Ángela Sierra González.

El activismo queer comenzó con la lucha a favor de los derechos LGTB y contra la homofobia, canalizando sus reivindicaciones a través de la organización Queer Nation fundada en 1990 por un grupo de activistas pertenecientes a ACT UP[1]. Su famoso lema “We’re here. We’re queer. Get used to it” (“Estamos aquí. Somos rar@s. Acostúmbrate”) pronto se haría muy popular. Según Silvia Claveria, del activismo queer va a surgir la teoría queer, que vendrá marcada por el posmodernismo y que, fundamentalmente, sostiene que la orientación sexual y la identidad son construcciones sociales y, por tanto, pueden cambiar a lo largo de la vida. Es decir, el sexo y el género no están inscritos en la naturaleza, sino que son una construcción social. Por tanto, la orientación sexual (homosexual/heterosexual), la identidad (considerarnos hombres o mujeres) o el sexo (macho/hembra) no son categorías fijas e inmutables sino graduales y una misma persona puede considerarse más mujer que hombre o viceversa, sin tener que elegir uno de los polos del binomio hombre/mujer. Se comienzan a utilizar expresiones como género fluido, transeúnte del género o no binario para definir a personas cuya identidad no responde a ese tradicional binomio. La primera vez que apareció la expresión queer theory fue en un artículo publicado por Teresa de Lauretis en la revista Differences en 1991, aunque será El género en disputa de Judith Butler el que se considere el texto fundacional de dicha teoría y que fue publicado un año antes que el artículo de Lauretis.

Pero la teoría queer no aparece de pronto y de la nada, tiene su origen en los escritos feministas publicados en el contexto social antes mencionado, crisis del SIDA y del movimiento homosexual. Durante los años 80 el feminismo va a sufrir un proceso de revisión en el que todos sus conceptos son puestos en cuestión y, en lo que a la teoría queer concierne fueron los textos de Monique Wittig y Adrienne Rich las fuentes donde bebieron las teóricas de lo queer. Wittig publica en 1978 El pensamiento heterosexual, donde la feminista francesa afirma que la heterosexualidad no es una opción sexual obligatoria sino una categoría política hegemónica, es decir, el pensamiento heterosexual “ha formado nuestros conceptos, nuestras leyes, nuestras instituciones, nuestra historia, nuestras culturas” sostiene Wittig, a la vez que afirma: “las lesbianas no son mujeres”, puesto que su orientación sexual las aleja de la opresión heterosexual que sufren las mujeres no lesbianas. En la misma línea se posiciona Adrienne Rich cuando afirma que la heterosexualidad no es una inclinación natural, sino una institución política cuyas obligaciones las mujeres no tiene más remedio que aceptar y que, por tanto, les arrebata el poder. De ahí el concepto queer “heterormatividad” que Michael Warner populariza y que define los privilegios sociales de la forma particular de la heterosexualidad que criticaron Witting y Rich, que no es otra que la monógama, tradicional en sus roles de género y convencional en sus prácticas sexuales.

La teoría queer cuestionará, por tanto, la sexualidad dominante que se resume en categorías binarias mutuamente excluyentes, es decir, hombre/mujer, heterosexual/homosexual, y las entenderá como graduales. Dichas categorías son opresoras y hay que trascenderlas para acceder a todas las variables que están fuera de la “normalidad”, como son lo transgénero, el género fluido o el género queer. Por tanto, va a definir un nuevo sujeto que se aleja del sujeto político del feminismo, las mujeres, y aquí es donde aparece la crítica feminista que no considera la teoría queer como una teoría feminista, ya que centra su interés en la identidad. El feminismo, sin embargo, es una teoría política y un movimiento social, debido a que no se es feminista por ser mujer (de hecho, algunas mujeres reniegan del feminismo como el diablo del agua bendita), sino por compartir una idea de justicia social, una forma de situarse en el mundo y no por la identidad que tenga cada uno, ya que si esto fuera así los hombres no podrían ser feministas porque son hombres. Si para la teoría queer lo opresivo es el binarismo sexual, es decir la dicotomía macho/hembra, para la teoría feminista, como indica Lidia Falcón, lo opresivo es la construcción jerárquica que se ha hecho de esa diferencia y es que la situación de marginación y menosprecio social que sufren las mujeres se debe precisamente a su sexo, que además es el sexo reproductor. Un acto sexual puede transgredir la norma, pero no transformarla, sin embargo, el feminismo es una política transformadora porque quiere cambiar la realidad.

Una gran parte del feminismo está de acuerdo en que lo ideal sería abolir el género y no reconocer un número infinito de categorías a las que inscribirse como defiende la teoría queer. Para Celia Amorós, la identidad mujer puede y debe unirse con otros sujetos como los homosexuales, las lesbianas, los transexuales o los transgénero, puesto que ellos también están inmersos en la lucha contra el orden patriarcal heteronormativo hegemónico, pero esto no implica que el feminismo haya de disolverse en las reivindicaciones de la teoría queer. Las condiciones de vida de las mujeres en un mundo globalizado exigen todavía que pensemos el feminismo como un proyecto de emancipación social y personal y para ello se necesita el “sujeto mujer” con todas las realidades que la atraviesan, el género, la clase social, la discapacidad, la orientación sexual, la edad, la nacionalidad, etc., y que actúan conjuntamente como sistemas de opresión y discriminación.

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NOTA:

1-Grupo de acción directa creado en 1987 para visibilizar los estragos que la pandemia de SIDA estaba haciendo entre la comunidad gay y conseguir políticas efectivas que parasen la enfermedad, reivindicando legislaciones favorables y promoviendo la investigación y el cuidado de los enfermos.

Bibliografía consultada

Cameron, Deborah. Feminismo. Madrid: Alianza, 2019.

Claveria, Silvia. El feminismo lo cambia todo. Paidós, 2018.

González, Ángela Sierra. «Una aproximación a la teoría queer. El debate sobre la libertad y la ciudadanía .» Cuadernos del Ateneo, nº26, 2009: 29-42.

Kubissa, Luisa Posada. «Teoría queer en el contexo español. Reflexiones desde el feminismo.» Daimon. Revista Internacional de Filosofía, nº 63, 2014: 147-158.

Penedo, Susana Lopéz. El laberinto queer. Madrid: Egales , 2008.

Varela, Nuria. Feminismo 4.0 La cuarta ola. Barcelona: Penguin Random House, 2019.

 

 

 

 

 

 

 

 

[1]Grupo de acción directa creado en 1987 para visibilizar los estragos que la pandemia de SIDA estaba haciendo entre la comunidad gay y conseguir políticas efectivas que parasen la enfermedad, reivindicando legislaciones favorables y promoviendo la investigación y el cuidado de los enfermos.