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Grandes discos y sus portadas (4)

Por AURELIANO SÁINZ

Dentro del mundo de la música hay cantantes y grupos que sacaron excelentes discos que tuvieron muy buena acogida; pero, por distintas razones, se apagaron en el anonimato pasado cierto tiempo. Tocaron la gloria, hermana de la fama que se busca denodadamente, y, sin embargo, esa continuidad que se esperaba de ellos no se produjo. La falta de creatividad, los estados anímicos depresivos, el abuso de drogas, los conflictos internos de las bandas, la ausencia de apoyo de las discográficas a propuestas innovadoras, etc., truncaron tempranamente aquellas las perspectivas que se veían de forma halagüeñas.

Creo que cada uno de nosotros podría nombrar algunos casos que recordamos de cantantes o grupos que nos llamaron poderosamente la atención, pero que se apagaron o desaparecieron sin responder a las expectativas que nos habíamos forjado de ellos.

Para abrir el debate de estos casos, por mi parte he seleccionado seis álbumes que considero pequeñas joyas musicales y que cubren un extenso periodo de tres décadas entre el primero que cito y el último. Comenzaré por el caso del grupo estadounidense Love, cuyo segundo disco apareció en 1967, y cerraré con Urban hymns de los británicos The Verve, que vería la luz en 1997, es decir, exactamente treinta años después.

Un año después de que apareciera el primer disco del grupo Love, comandado por Arthur Lee, un mulato de 21 años residente en Los Ángeles, sobrado de talento y de inestabilidad emocional, apareció Forever Changes en el sello Elektra. Allí se encontraba una pequeña joya titulada Alone again or, en la que los sonidos latinos se mezclaban con los de la psicodelia que predominaban en la Costa Oeste americana.

La portada del disco, muy en la línea de la estética de los carteles del flower power de los sesenta, fue diseñada por William S. Harvey, director artístico de Elektra. Con una pintura de intensos colores, se muestran unidos los rostros de los cinco componentes sobre un fondo blanco. El ingenuo logotipo de Love aparecía en la esquina superior izquierda y en el otro extremo inferior el título del disco. Gran disco que no tuvo continuidad.

¿Cómo es posible que el autor de un trabajo tan brillante como fue American Pie, aparecido en 1971, volviera casi al anonimato tras publicar tan espléndida obra? Lo cierto es que ese segundo elepé de Don McLean, que provenía del mundo del folk estadounidense, estuvo siete semanas en el número uno de las listas.

American Pie también era el título de la canción, de más de ocho minutos de duración, con la que se abría el álbum. Además, en el álbum se encontraban Vincent (hermosa canción dedicada a Vincent van Gogh) y Babylon, temas para mí inolvidables.

En el diseño de la portada, aparecía una fotografía tomada con gran angular del cantante que nos muestra mano izquierda cerrada con su dedo pulgar hacia lo alto y en el que se ha pintado los componentes de la bandera de Estados Unidos: una estrella blanca sobre fondo azul y barras de color rojo y blanco.

¿Era posible destronar a Michael Jackson de la cumbre en la que estaba instalado el rey del pop allá por la década de los ochenta? Alguien se lo llegó a plantear cuando, en 1987, aparece Introducing the hardline according to Terence Trent D’Arby.

Quizás eso llegó a pensar el joven Terence Trent D’Arby, cuando, tras publicar su primer álbum, creó unas enormes expectativas dada la brillantez de ese trabajo. Sus temas se movían entre el funk y el R&B, con temas tan potentes como If you let me stay y Dance little sister. Sin embargo, Sign your name, una balada rítmica y pegadiza, le catapultó al primer puesto de las listas británicas y al tres de Estados Unidos.

El diseño de la portada se le debió a Peter Barret, a partir de la fotografía que le había realizado Sheila Rock. Así, en un primer plano, aparece el rostro del cantante concentrado y mirando hacia abajo, al tiempo que una pequeña trenza cuelga por la mitad de su rostro.

El caso de Tanita Tikaram es el de una chica procedente de Malasia que, a sus 19 años y en 1988, publica en el Reino Unido su disco de debut Ancient Heart obteniendo un rotundo éxito, más aún, siendo ella misma la autora de las letras y la música de las once canciones que lo componían. De este modo, a tan corta edad, ve en el mercado un álbum con temas tan brillantes como Good tradition, Cathedral song y, especialmente, Twist in my sobriety. Su cálida voz para nada hace imaginar que se trataba de una chica que no había llegado todavía a los veinte años. La recepción del álbum fue unánime y se venden 4 millones de copias, creándose grandes expectativas de cara al futuro.

Dos años después, en 1990, lanza su segundo disco The sweet keeper, pero no consigue la repercusión que tuvo el primero. Continúa su carrera musical, pero ya no logra que sus trabajos tengan el reconocimiento de su primer disco.

La vida de Jeff Buckley podría haber sido un camino de rosas, dado que su padre era el cantautor estadounidense Tim Buckley, si de pequeño no se hubiera cruzado la tragedia en su vida. Y esa tragedia fue la muerte paterna el 29 de junio de 1975, por sobredosis de drogas y alcohol. Jeff contaba por entonces con solo ocho años.

Curiosamente, el único elepé de Jeff Buckley grabado en un estudio es de una enorme y singular belleza. A lo largo de sus diez temas, su espléndida voz se alarga y desparrama de un modo quejumbroso, como si quisiera volcar en sus canciones toda la tristeza interior que le embargaba. Pero si tuviera que destacar un tema, lo haría citando la hermosa versión que hace de Hallelujah, canción de Leonard Cohen que apareció en su elepé Various Positions.

Así, el dolor que se percibe en las canciones parece trasladado también a la portada de Grace, realizada a partir de una fotografía de Merry Cyr y David Gahr. En ella vemos a Jeff Buckley en primer plano, con la cabeza agachada, los ojos entornados, barba de un día, al tiempo que sostiene el micro con su mano izquierda. La luz cenital que proviene del ángulo superior izquierdo acentúa las sombras en sus ojos cerrados, de modo que un halo de profunda tristeza rodea a la imagen del protagonista.

Cuando en 1997 apareció Urban hymns, The Verve no era una banda británica recién llegada a la escena del rock, dado que había hecho su aparición en 1993 con su primer álbum. Cuatro años más tarde, tras una separación temporal del grupo, vio la luz el disco que contenía Bitter Sweet Symphony, alcanzando el éxito que estaban esperando.

Bitter Sweet Symphony es una pequeña joya que inicialmente firmaba el líder de la banda: Richard Ascroft. Pero Mick Jagger y Keith Richards interpusieron una demanda por el parecido que tenía el riff de esa canción con el del tema The Last Time de los Rolling Stones. La demanda llegó a instancias judiciales que se pronunciaron a favor del tándem Jagger-Richards, por lo que finalmente ambos también aparecen en los créditos.

Ciertamente, esta pequeña sinfonía de casi seis minutos respondió con creces a las expectativas que se habían generado antes de la aparición del disco. Al año de salir, en 1998, Urban hymns alcanzaría el galardón de Mejor Álbum del año en los Brit Awards. De igual modo, The Verve obtendría el premio como Mejor grupo del año, por encima de bandas tan reconocidas como Radiohead y Oasis.

La portada del disco corresponde a la fotografía que realizó Michael Spencer Jones de los cinco miembros de la banda. En la misma, tomada con gran angular y con la denominada vista de gusano, aparecen sentados en el suelo del campo, distendidos y mirando hacia los lados. En el diseño de la carátula, aparecía la imagen fotográfica enmarcada con una franja negra.

Sin embargo, el carácter tremendamente complicado de Richard Ascroft dio al traste con la continuidad de la banda. Habían llegado a ese reducido círculo privilegiado de los grupos británicos más famosos, pero las tensas relaciones y los altibajos de sus miembros no fueron los mejores para mantenerse en la cumbre.