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Orígenes del feminismo y sufragismo en España

CHARO CEBALLOS

El movimiento sufragista en España no va a tener la misma repercusión que tuvo en el contexto anglosajón debido a múltiples factores. Rosa María Capel atribuye dicha ausencia de activismo feminista a la inexistencia de un desarrollo industrial potente, la falta de una burguesía progresista que defienda el principio de igualdad y la escasez de la educación femenina. Por tanto, el feminismo no hará su entrada en escena hasta el segundo decenio del siglo XX y siempre reducido a un escaso círculo, ya que la incorporación de la mujer al trabajo industrial tampoco tendrá en España la repercusión que tuvo en el mundo anglosajón, así la gran mayoría de las mujeres españolas de la época no tendrán independencia económica ni tampoco se va a desarrollar en ellas, por este motivo, una conciencia activista.  Esto no quiere decir que no hubiera mujeres que se preocuparan por la situación social de sus congéneres ni por dar difusión de la misma y, por tanto, intentar paliar de alguna manera las consecuencias de lo que “ser mujer” suponía en la España de mediados del siglo XIX y primeros del XX.

Los referentes pioneros del feminismo en España son Concepción Arenal y Emilia Pardo Bazán, ambas difundieron su pensamiento en escritos, ensayos y novelas.  Las principales preocupaciones de Concepción Arenal fueron los derechos de las mujeres y la situación de las prisiones, puede que esto último fuera debido a que su padre, militar liberal, estuvo en la cárcel. Esto despertó en ella conciencia acerca de la indefensión en la que se encontraban las mujeres cuando faltaba el cabeza de familia, lo que la hará reflexionar sobre la necesidad de la educación de las mujeres para conseguir la independencia económica. Denuncia la contradicción existente entre un código civil que escatima derechos a las mujeres y un código penal que no oblitera la condición femenina para cumplir con sus obligaciones igual que los hombres. Concepción Arenal pudo asistir a la universidad como oyente cuando el acceso a las mujeres no estaba aún permitido. Amelia Valcárcel cuenta en Feminismo en el mundo global cómo era el protocolo que tenía que cumplir esta pionera feminista para acudir a las clases. En primer lugar vestida de hombre para que su presencia no resultara “indecente”; después, un bedel la acompañaba hasta un cuarto donde debía esperar al profesor de turno, el cual la recogía y la acompañaba al aula en la que se sentaba alejada de los compañeros, sola; al terminar la clase el profesor la volvía a acompañar al cuarto y ahí esperaba la aplicada alumna la llegada del siguiente profesor. Este fue su ritual hasta que terminó los estudios de leyes, lo cual no quiere decir que obtuviera título alguno que los acreditara ya que, hasta 1910 las mujeres españolas no tuvieron acceso a la universidad con plenos derechos. En 1868 publica La mujer del porvenir, un estudio sobre la situación dependiente de la mujer y en 1884 El estado actual de la mujer en España.

Emilia Pardo Bazán fue otra abanderada del feminismo español.  Se casó muy joven, tuvo tres hijos y pronto comenzó a escribir y a cosechar importantes éxitos.  Los pazos de Ulloa es su novela más conocida y en ella se refleja todo su pensamiento. Con el éxito también llegó la crítica, más por su condición de mujer que por cualquier otra cuestión. Su matrimonio no resiste la presión social y Pardo Bazán prefiere abandonar al marido antes que a la literatura. En 1890 publica una compilación de artículos sobre la educación y la maternidad y logra que se traduzca La sujeción de la mujer de John Stuart Mill y Harriet Taylor, obra desconocida hasta entonces en España. Tanto Concepción Arenal como Emilia Pardo Bazán se ganaron la vida escribiendo y no dependieron económicamente de ningún hombre.  Ambas estuvieron muy vinculadas a la Institución Libre de Enseñanza[1] a través de la colaboración y la amistad que mantuvieron con  Giner de los Ríos, su fundador.

La mujer española en los albores del siglo XX estaba sometida al varón en todas sus versiones: padre, hermano y marido y se esperaba de ella que fuera esposa y madre, sumisa y obediente, por supuesto. Quedarse soltera era lo peor que podía pasarle a una mujer y la única alterativa “decente” era el convento. Teniendo en cuenta que España entra en el siglo XX con un 71% de analfabetismo femenino, el trabajo que había por delante era ingente, pero dio sus frutos y, como he mencionado anteriormente, en 1910 se abren las puertas de la Universidad a la mujer. Al mismo tiempo, aparecen nuevas publicaciones reivindicativas y se crean organizaciones difusoras de la tímida corriente feminista en España. Terminando la segunda década de siglo XX concurren dos acontecimientos importantes: se aprueba el estatuto de funcionarios públicos, que permite el acceso a la mujer a puestos de trabajo en la Administración y se crea  la Asociación Nacional de Mujeres Españolas (ANME), integrada por maestras, escritoras, estudiantes y cuyas componentes son, entre otras, Clara Campoamor y Victoria Kent, que protagonizaran un debate apasionante en las Cortes españolas el 1 de octubre de 1931, fecha en la que es aprobado el sufragio femenino en España.

Las mujeres españolas pudieron acceder a la representación nacional ocupando escaños en el hemiciclo durante la Asamblea Nacional (1927-1929), en la etapa del Directorio Civil de Primo de Rivera. Las bases para la convocatoria de la Asamblea se establecieron por el Real Decreto Ley de 12 de septiembre de 1927, cuyo artículo 15 decía que “a ella podrán pertenecer, indistintamente, varones y hembras, solteras, viudas o casadas, éstas debidamente autorizadas por sus maridos y siempre que los mismos no pertenezcan a la Asamblea. En las Cortes de 1931 había tres mujeres diputadas: Clara Campoamor, Victoria Kent y Margarita Nelken. Pero serán las dos primeras las que defiendan posturas encontradas con respecto al voto femenino. Clara Campoamor se posiciona a favor del mismo y hace una defensa férrea ante las Cortes, sin embargo, Victoria Kent argumentará en contra basándose en lo inoportuno del momento, ya que considera que el voto de la mujer, influida por la Iglesia o el marido puede poner en peligro el proyecto republicano. La Campoamor defendió el derecho al sufragio femenino por encima de intereses políticos, pensando solo en la mujer, ya que se enfrentó a su propio grupo parlamentario. Victoria Kent, sin embargo, defendió su postura atendiendo a intereses partidistas. Aun así, el 1 de octubre de 1931 se aprobó el derecho al voto femenino en España por 161 votos a favor y 121 en contra.

El derecho al voto y la Ley del divorcio fueron logros de las mujeres durante la República, aunque el comienzo de la guerra civil y el triunfo de las tropas franquistas el 1 de abril de 1939 cercenarían los derechos femeninos recién estrenados. Tuvieron que pasar 40 años para volver a recuperarlos.

 

Bibliografía consultada

Fernández Díaz, Paloma. “La dictadura de Primo de Rivera. Una oportunidad para la mujer” UNED. Espacio, Tiempo y Forma, Serie V, Historia Contemporánea, t. 17, 2005, págs. 175-190

Franco Rubio, Gloria A. “Los orígenes del sufragismo en España”. UNED. Espacio, Tiempo y Forma Serie V, Historia Contemporánea, t. 16, 2004

Moreno Balaguer, Rebeca (coord.). 2019 “Feminismos. La historia”. Akal

Valcárcel, Amelia. 2009 “Feminismo en un mundo global” Cátedra

Varela, Nuria. 2008 “Feminismo para principiantes” Edic.B

 

[1] La Institución Libre de Enseñanza  (1876-1936) fue un proyecto pedagógico que impulsó una  importante reforma educativa durante 60 años. Reivindicó la importancia de la educación de las mujeres, inspirada en la filosofía krausista.