Press "Enter" to skip to content

Feminismo. La segunda ola

CHARO CEBALLOS

La segunda ola del feminismo está definida por el movimiento sufragista, que fue uno de los movimientos emancipatorios del siglo XIX y del que se conoce muy poco en general. Durante este siglo las mujeres seguían sin gozar de los derechos civiles y políticos más básicos, con lo que eso suponía para su autonomía personal. Además, el nuevo sistema económico capitalista incorporó a las mujeres proletarias a la fábrica, cuya mano de obra era más barata y sumisa que la masculina, dejando a las burguesas relegadas al ámbito doméstico, al lugar privado que era símbolo del éxito laboral del varón. Este es el contexto social donde se gesta la lucha por el derecho al voto de las sufragistas. Amelia Valcárcel apunta que el derecho al sufragio no fue el único que perseguirán las mujeres, también el derecho a la educación forma parte de la agenda sufragistas; ambos se consiguieron en un periodo de 80 años, lo que supuso tres generaciones de lucha en la que, al menos dos, no vieron los frutos conseguidos. Los movimientos sufragistas más emblemáticos son el norteamericano y el inglés, lo que no implica que la reivindicación sufragista no se diera en otras partes del mundo, ya que los derechos fundamentales negados a las mujeres, lamentablemente, eran globales.

En EE.UU el movimiento sufragista está íntimamente ligado al abolicionismo; las activistas veían más de un paralelismo entre la vida que llevaban los esclavos y la suya propia. Hay que decir, sin embargo, que una vez conseguido el derecho al voto para los esclavos varones liberados, las mujeres siguieron sin poder ejercerlo y el movimiento abolicionista les dio la espalda porque temían perder los derechos recién conseguidos para ellos. Las sufragistas, ante esto, asumieron que su lucha iba a depender solo de ellas. Podemos decir que el sufragismo en EE.UU comienza en 1848 con la declaración de Seneca Falls. Aunque ya, unos diez años antes, las hermanas Grimké: Sarah y Angelina, fervientes abolicionistas, habían liderado el movimiento antiesclavista y reivindicado los derechos más elementales de los que carecían las mujeres. Será Elizabeth Cady Stanton junto con Lucretia Mott y otras activistas, las que convoquen el encuentro en Seneca Falls del que saldrá la “Declaración de Sentimientos”, siguiendo el modelo de la Declaración de Independencia de EE.UU. Este documento contiene dos reivindicaciones fundamentales, por un lado, la consecución de los derechos civiles para las mujeres y, por otro, vertebrar los principios que consigan modificar las costumbres y la moral. Otra activista relevante del sufragismo norteamericano será Susan B. Anthony, fundadora junto con Cady Stanton de la Asociación Nacional por el Sufragio de las Mujeres (NWSA) y coautora junto a ella de “La historia del sufragio femenino”. Lucy Stone fue otra activista norteamericana influyente, fundó una asociación sufragista más moderada que la NWSA y escindida de esta última, la Asociación Americana pro Sufragio de la Mujer (AWSA), sin embargo, ante las dificultades que tuvieron que padecer volvieron a unirse y se radicalizaron. Las sufragistas norteamericanas fueron unas activistas entregadas y pacientes, de hecho, la Decimonovena Enmienda que otorgaba el derecho al voto femenino se aprobó en 1920 y fue la culminación de décadas de lucha del movimiento sufragista como ya he mencionado.

El sufragismo inglés, sin embargo, fue más radical y sus activistas más impacientes, dice Nuria Varela. La primera petición del voto femenino en el Parlamento británico data de 1832. Las sufragistas británicas tuvieron un aliado especial en sus reivindicaciones, este no fue otro que John Stuart Mill[1]. Filósofo, político y economista escocés, presentó una enmienda en 1867 ante el Parlamento cuando se estaba debatiendo una reforma electoral que ampliaría el número de varones con derecho a voto, pues bien, Stuart Mill propuso que se sustituyera la palabra “hombre” por “persona”, de esta manera las mujeres que cumpliesen los requisitos exigidos a los varones entrarían en la terna. Esta propuesta fue rechazada, al igual que lo serían las 2.588 peticiones restantes hasta que se aprobó por ley el sufragio femenino. No es de extrañar que las sufragistas ante tanta desidia indolente pasasen a la lucha más radical. Comenzaron a boicotear los discursos de los ministros y las reuniones del partido liberal, también realizaron algún que otro acto violento contra edificios públicos, aunque nunca se saldaron con daños personales. Las consecuencias de estos actos fueron multas y cárcel.

La máxima exponente del sufragismo inglés fue Emmeline Goulden Pankhurst, fundadora junto con su hija Christabel y otras activistas de la Unión Social y Política de Mujeres (WSPU), que luchó por el derecho al sufragio femenino hasta la I Guerra Mundial. Fue precisamente a ella a quien recurrió Jorge V para que se encargara del reclutamiento y la organización de mujeres para sustituir a los hombres que debían alistarse. Poco después, en 1917 se aprobaría la ley del sufragio femenino, aunque no fue hasta 1927 cuando las mujeres pudieron votar en las mismas condiciones que los hombres. Tan solo hubo un episodio que lamentar en el periplo sufragista inglés: la muerte de Emily W. Davison. Sucedió el 4 de junio de 1913, durante el Derby de Epsom, Emily irrumpió en medio de la pista y fue atropellada por un caballo propiedad del rey Jorge V. Pocos días después fallecería a causa de los golpes.

El activismo sufragista no fue un movimiento beligerante y, de hecho, Amelia Valcárcel explica que el feminismo es acreedor de dos grandes aportaciones: una es el término “solidaridad” que sustituyeron por “fraternidad” debido a las connotaciones masculinas de su etimología y, la otra, fueron los métodos de lucha pacífica.

En España, el gobierno de la II República aprobó el derecho al sufragio femenino en 1931, gracias a la lucha y el esfuerzo de Clara Campoamor y con el voto en contra de Victoria Kent, que pertenecía al Partido Radical Socialista. Pero esto se merece un capítulo aparte.

 

Bibliografía consultada:

Amorós, Celia (directora). 1995 “Diez palabras clave sobre mujer”. Verbo divino

Moreno Balaguer, Rebeca (coord.). 2019 “Feminismos. La historia”. Akal

Valcárcel, Amelia. 2009 “Feminismo en un mundo global” Cátedra

Varela, Nuria. 2008. “Feminismo para principiantes” Edic.B

 

[1] La obra “La sujeción de la mujer”, escrita junto a su mujer Harriet Taylor Mill se considera uno de los textos más influyentes en el sufragismo del siglo XIX.