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Made in Spain

Por AURELIANO SÁINZ

Una vez que hemos iniciado la presentación de aquellas portadas de discos que han dejado huella en los aficionados a la música popular (entiéndase pop, rock, soul, blues, R&B, etc.), merece la pena llevar a cabo una breve presentación de algunos de los diseñadores gráficos que han realizado sus trabajos en medio del desierto español. Y digo desierto español porque hay que sudar tinta china para que te hagan caso en este país de grandes pintores (Velázquez, Goya, Dalí, Picasso…), ya que eso de ponerse a elaborar ‘portadas bonitas’ de los discos no tiene mucha importancia.

“¿Hay alguien que conozca o recuerde el nombre de algún diseñador gráfico de este país que haya realizado carátulas de discos?”, pregunto con la esperanza de que asome alguna mano en medio del espacio virtual en el que lanzo este escrito.

Veo una… dos… tres… cuatro manos que se han alzado. Bueno, algo es algo.

“¿Me podéis decir sus nombres?”. Al instante y de modo unísono me responden con cierta excitación: “¡¡Javier Aramburu!!”

Claro, claro, sería un delito que en Alburquerque no conocieran al creador de la imagen, del logotipo y de algunos de los carteles que realizó para Contempopránea. Pero es que, además, Javier Aramburu diseñó bastantes de las portadas del grupo Los Planetas, que es algo así como nombrar a la cúspide de los grupos que han pasado por el festival indie más importante de este país. Y es que CPOP, Los Planetas y Javier Aramburu, tal como el propio Agustín Fuentes reconoce, están estrechamente ligados por sus trayectorias compartidas en los últimos tiempos.

Y puesto que ahora partimos de algo tan familiar y conocido como es el festival que una parte de mis alumnos conoce y que, de modo indirecto, los lleva mentalmente a Alburquerque, en esta ocasión voy a presentar brevemente nueve discos, con la denominación Made in Spain, que demuestran que merece la pena saber que, además de las canciones, las portadas ayudan bastante a dar identidad al disco.

Comenzaré por el primero de los discos del grupo granadino Los Planetas, el que lleva por título Super 8, que diseñó Javier Aramburu y que vio la luz en 1994.

Me ahorro hablar de Los Planetas porque su trayectoria es tan amplia que serían unos brochazos lo que podría decir de ellos. Sin embargo, sí me parece interesante comprobar que el donostiarra Javier Aramburu comenzó su andadura gráfica con unas imágenes que se identifican claramente con Contemporánea. Y, puesto que su obra es de gran interés, no me extiendo ya que más adelante dedicaré un artículo a su figura y a su trabajo.

Damos un gran salto hacia atrás para situarnos en 1982. En ese año salió al mercado el primer disco de Mecano, el grupo formado por Ana Torroja y los hermanos Nacho y José María Cano. El impacto del grupo fue enorme, pues en solo tres meses logró vender 300.000 discos, una cifra importante para aquel tiempo. Y es que allí se encontraban temas como Perdido en la habitación, Me colé en una fiesta o Maquillaje, canciones que alcanzaron una gran popularidad.

Por otro lado, la portada fue magnífica, ya que diseñada por Carlos Martín Llorente con la supervisión de Juan Gatti, nos presenta de modo frontal un reloj de agujas de formato cuadrado, coincidiendo con los márgenes de la carátula. Todo un acierto visual.

Antes de la aparición de Mecano, a pocos años de la andadura de la nueva democracia en nuestro país, hubo un grupo llamado Triana que lideró lo que se llamó rock andaluz. Formado por Jesús de la Rosa, Eduardo Rodríguez y Juan José Palacios, se dieron a conocer en 1974 con El patio. No obstante, su gran éxito llegó en 1979 con Sombra y luz, que alcanzó la nada desdeñable cifra de 100.000 discos vendidos.

El diseño de las portadas del grupo se debía a Máximo Moreno. En la de Sombra y luz, comprobamos que las letras mayúsculas de Triana aparecen como si fueran velas verdes, de modo que la correspondiente a la I se muestra encendida, quemando parte de la tela que hace de fondo.

En el año 1983, el mismo en el que sale el tercer disco de Triana, ve la luz el grupo cordobés Medina Azahara, dirigido por el incombustible Manuel Martínez, con su álbum Paseando por la Mezquita. También en ese año, tristemente, Triana cierra como grupo por la muerte en accidente de tráfico de Jesús de la Rosa. La banda cordobesa tuvo mejor suerte, ya que logró ver publicado en 2018 su vigésimo álbum, Trece rosas. Todo un récord de trabajo con cuarenta años pisando los escenarios.

La portada de Paseando por la Mezquita se debe a Antonio Monforte, otro de los diseñadores gráficos que desarrollará sus creaciones al establecer contacto con las bandas del sur de nuestro país. En este caso, la imagen adopta ciertos aires orientalistas para presentar una visión idealizada de los arcos de herradura de este bello templo musulmán.

No me resisto a traer otras de las portadas que realizó Antonio Monforte. Esta vez se trata de la que creó para la banda formada por los hermanos Rafael y Raimundo Amador junto a Kiko Veneno. Inicialmente, el disco pasó un tanto desapercibido, dado que la mezcla de flamenco y rock resultaba demasiado innovadora para aquellos años.

Lo cierto es que la portada que inicialmente Antonio Monforte había pensado para Veneno no la llevó a cabo y hubo que cambiarla por los problemas que podía generar, dado que se trataba de imprimir la palabra VENENO sobre una tableta de hachís con fondo de papel de aluminio. Para evitar las polémicas, las letras del nuevo grupo aparecen impresas sobre un fondo ocre rugoso para que no pudiera descubrirse su origen.

Otro de los incombustibles del rock español es Kiko Veneno (José María López Sanfeliu) cuyo segundo apellido nos hace ver su origen catalán, ya que nació en 1952 en la localidad gerundense de Figueras (la misma que de Salvador Dalí). Con los hermanos Amador había grabado tres discos; sin embargo, en el año 1981 inicia su camino en solitario publicando Seré mecánico por ti. La publicación en el 2019 de su último álbum, Sombrero roto, nos da idea de su enorme vitalidad personal y creativa.

El autor de la portada, Ceesepe (Carlos Sánchez Pérez), fue un pintor e ilustrador bastante prolífico, que acudió a la estética del cómic para crear el primer disco de Kiko Veneno.

Pasamos al campo más rockero, estilo en el que durante la década de los ochenta conoceríamos a Leño, Burning, Barón Rojo, Asfalto, Siniestro Total y un largo etcétera.

Y si me decanto por el tercer elepé de Leño, Corre, corre, se debe a la magnífica portada que realizaría Manuel Cuevas a partir de una fotografía en plano detalle, mostrando de modo destacado la hebilla del cinturón en el que aparece el logotipo del grupo.

No fue muy larga la vida de la banda; de todos modos, pudimos conocer el talento de Rosendo (Mercado) como líder, quien posteriormente se lanza a trabajar en solitario, abriéndose un largo camino que llega hasta nuestros días.

Siguiendo la línea de diseño de dibujo de cómic que hemos visto en la portada del trabajo de Kiko Veneno, en el año 1986 aparece Al calor del amor en un bar de Gabinete Caligari. El diseño es de un dibujante que se firmaba como El Hortelano y en la escena dibujada aparecen sus tres componentes: Jaime Urrutia, Fernando Presas y Eduardo Calvo.

Grupo emblemático de los años de ‘la Movida’, nos dejó temas inolvidables como el mismo que lleva el título del disco seleccionado o Cuatro rosas y también La culpa fue del cha-cha-cha.

Para cerrar, damos un salto hacia adelante para situarnos en la escena indie (cuestión que merece la pena tratar con más detalle) para mostrar el disco Aproximaciones del grupo madrileño Pereza, formado por José Miguel Conejo (Leiva) y Rubén Pozo. Su existencia no fue muy larga ya que duró una década, la que va de 2001 a 2011, pero con tiempo suficiente para dejar grabados seis discos.

En Aproximaciones, que vio la luz en 2007, encontramos en la fotografía de la portada que realizó Rubén Martín a los dos miembros sentados en lo que parece ser la parada de una estación de metro por las tonalidades oscuras, en las que predominan el amarillo, el verde y el rojo, de modo que este último tono es utilizado para el nombre del grupo como si sus letras fueran barras fluorescentes.