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Ellas también cantan

Por AURELIANO SÁINZ

A modo de reflexión:

En medio de las situaciones muy adversas, es importante saber que la sonrisa y la risa no deben olvidarse, pues la esperanza está construida con el optimismo que mira al futuro y la alegría que goza de las cosas más cercanas. Es por lo que conviene traer a colación aquellas canciones que dejaron gratas huellas en la memoria de nuestras vidas. En esta tarea me embarco y en este espacio virtual nos podemos encontrar y disfrutar charlando.

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Efectivamente, la mujer desde tiempos inmemoriales ha participado en las danzas y en las canciones que se ejecutaban en las distintas culturas que han poblado la Tierra, por lo que es una obviedad el título con el que comienzo este tercer artículo sobre la música.

En este artículo abordo el de las voces femeninas, sabiendo que aparecerán muchos más en esta serie sobre la música popular. Además, como he indicado en otra ocasión, comentaré el diseño de las portadas de los álbumes seleccionados, dado que es una aportación original para Azagala, puesto que se suele hablar de los discos y las canciones, pero se olvidan de quienes crearon las imágenes, muchas de ellas magníficas.

En esta primera entrega, he seleccionado seis voces femeninas: dos de ellas representan el dolor y la desolación [Janis Joplin (Pearl) y Amy Winehouse (Back to Black)]; otra la fuerza y el valor de la superación [Patti Smith (Horses)]; también aparece la elegancia y la veteranía [María Dolores Pradera (Mujeres de fina estampa)]; y, claro está, la juventud y el entusiasmo que mira hacia el futuro [M.I.A. (Kala) y Rosalía (El mal querer)].

Ya he hablado en Azagala de esa joven estadounidense de voz desgarrada llamada Janis Joplin, cuya vida se truncó tempranamente, dejándonos un legado breve, aunque inolvidable. Como breves datos biográficos diré que Janis Lyn Joplin nació en Port Arthur (Texas) el 19 de enero de 1943. Sus padres esperaban que su pequeña de mayor fuera maestra, pero su camino se inclinó por otros derroteros, dado que de adolescente empezó a fascinarse por el blues negro al conocer la música de Odetta o de Billie Holiday.

Tras los consabidos tanteos iniciales, en 1965 se une en San Francisco a la Big Brother and the Holding Company, con quien grabaría su primer disco. En su cuarto disco de estudio, Pearl (Perla), se encuentra acompañada por la Full Tilt Boogie Band. Vería la luz en 1971, meses después de su fallecimiento, ya que la vida de Janis estuvo marcada por las drogas y el alcohol, a pesar de sus esfuerzos por abandonarlos.

Es inevitable hablar de la desgarradora versión que realizó en este álbum de Me and Bobby McGee (mi canción favorita de siempre), compuesta por el cantante de música country Kris Kristofferson y que alcanzaría el número uno en las listas del Billboard.

La portada de Pearl fue diseñada a partir de una fotografía de Barry Fenstein. En ella, la figura de Janis Joplin, sentada y vestida con ropajes de salón del viejo Oeste, alcanzó gran popularidad, llegando a ser un verdadero icono dentro de los amantes del rock.

Todos los grandes comentaristas parecen estar de acuerdo de que Horses, el disco que Patti Smith publicara en 1975, se encuentra entre las leyendas del rock, aunque, hablando con propiedad, habría que decir que dentro de la música punk, ya que la cantante de Chicago fue la primera en adentrarse en las brumas rebeldes y desgarradas que marcaban The Ramones, en su país, y Sex Pistols y The Clash, en el Reino Unido.

“Jesús murió por los pecados de alguien, pero no por los míos”. Así, desafiante, comienza el primer verso con el que arrancan los nueve temas que conforman este gran disco. Y es grande no solo desde el punto de vista musical, sino por la propia portada que se convirtió en un icono que se ha mantenido a lo largo de los años. No en vano su autor fue Robert Mapplethorpe, uno de los grandes fotógrafos estadounidenses de aquella época.

En la fotografía vemos a una andrógina Patti Smith, tomada en plano medio largo y con cierto contrapicado, ya que su mirada seria se dirige al espectador de arriba hacia abajo. El blanco impoluto de su camisa contrasta con el negro intenso de su pelo y el de la chaqueta que, echada al hombro, es sostenida por su mano izquierda, que parece juntarse con la derecha en el pecho.

Avanzamos en el tiempo y nos situamos en el nuevo milenio para hablar de la británica Amy Winehouse que tuvo una historia personal parecida con la de Janis Joplin: eran voces femeninas muy unidas a la música negra (blues, soul, R&B); las dos adictas a las drogas y al alcohol; alcanzaron altas cotas de fama, y ambas fallecieron a los 27 años, como resultado de sus adicciones.

Amy Jade Winehouse había nacido el 14 de septiembre de 1983 en Londres, en el seno de una familia judía aficionada al jazz. Su fallecimiento se conoce el 23 de julio de 2011, cuando su cuerpo inerte fue encontrado en su apartamento londinense.

Como en el caso de Janis Joplin, su producción fue muy corta, dado que en vida solo publicó dos discos de estudio: Frank (2003) y Back to Black (2006), que es el que comento.

El diseño de la portada de Back to Black la realizaría el fotógrafo Mishca Richter. En la fotografía vemos un plano entero de Amy Winehouse sentada en un taburete de madera, con las manos juntas entre sus piernas, su largo pelo cayéndole, al tiempo que una mirada de indefensión asoma por su rostro: la indefensión de una magnífica cantante que no pudo sobreponerse a las penas que la abrumaban.

Ya más cerca a nuestros días se encuentra Kala, disco que vio la luz en el año 2007. Su autora es la londinense Mathangi ‘Maya’ Arulpragasam (M.I.A.) nacida en 1975, aunque de origen tamil cingalés. Kala es el segundo disco que publica: en sus temas encontramos sonidos hipnotizantes como síntesis de música electrónica, rap, pop japonés y voces femeninas que se superponen a otras infantiles.

Para que visualmente nos hagamos una idea de ese intenso collage musical, la portada nos presenta el rostro de M.I.A. dentro de un círculo, con gafas negras, y con un mensaje escrito: “Fight On!”. Fuera del círculo su rostro vuelve a aparecer en versión negativa, sobre un fondo multicolor de formas geométricas con intensos cromatismos que nos evocan los diseños de los tapices hindúes, jamaicanos o latinoamericanos.

¿Qué decir de María Dolores Pradera o de La gran dama de la canción, tal como algunos la denominan, en unas breves líneas? Muy poca cosa para una mujer que, nacida el Madrid en 1924, dedicó la mayor parte de su larga vida de 93 años a la canción, tras haber trabajado en el cine y en el teatro.

Puesto que su discografía es enorme, me voy a centrar en un disco póstumo, Mujeres de fina estampa, que salió a la venta en mayo del año pasado, y en el que aparecen los dúos que realizó con otras cantantes como Ana Belén, Niña Pastori, India Martínez, Rozalén, Vanesa Martín, Rosana, etc.

Por mi parte, tengo que decir que durante los meses en los que ejercí de DJ de barrio durante el confinamiento, entre las 400 canciones que programé, la voz que más sonó fue la suya, pues el disco que poseo, La colección definitiva, de cuatro cedés contiene cien canciones, por lo que fue una suerte contar con su magnífica voz durante esos días.

Y si traigo a colación este álbum de publicación reciente se debe a que la portada fue creada por Mercedes DeBellard, una joven diseñadora gráfica que empieza a despuntar en nuestro país a partir de haber realizado una serie de carteles para la Feria de San Isidro de Madrid, en el que muestra un estilo muy personal en el tratamiento de los rostros.

¿Qué decir, por otro lado, que no se haya dicho ya de ese fenómeno llamado Rosalía que en muy poco tiempo ha acaparado la atención de todo el mundo por su creatividad y osadía, debido a lo cual le han llovido todo tipo de reconocimientos?

Con solo dos discos, Los ángeles (2017) y El mal querer (2018) se ha subido a lo más alto del mundo de la escena musical. Rosalía, cantante visual por excelencia, con El mal querer experimenta y aúna distintas ramas artísticas, fusionando la música flamenca y urbana, con montajes audiovisuales, animaciones, usos del color y coreografías. Una obra poderosa como la imagen que desprende la artista catalana, que, con solo 27 años cumplidos, ha penetrado en todos los sectores sociales.

Igualmente poderosa es la portada de su segundo álbum, realizada a partir de una fotografía de Filip Custic y con el diseño de Mou Mourentan. En ella, Rosalía se transforma en una especie de diosa del mundo clásico greco-latino, rodeada de iconos característicos del cristianismo, en una especie de síntesis visual muy propia del mundo actual en el que nos movemos.