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CARTA A AURELIANO: El amor de los dioses

JUAN ÁNGEL SANTOS

Política, fútbol y religión reunidos en un espacio próximo, céntrico y reducido de la capital del reino. Tres de los asuntos que, a buen seguro, mayor debate y más encendida polémica proporcionan al respetable. Demasiada tensión por metro cuadrado si no fuera porque la bella historia de amor que hoy nos trae, sirve para relajar cualquier tipo de tirantez por muy inflexible que parezca. Una nueva lección del Maestro para guardar en la mochila.

La mitología griega, ofrece muy bellos pasajes románticos, algunos de ellos contenidos en la “Metamorfosis” de Ovidio que cita en su artículo, como el amor imposible de la ninfa Dafne y el dios Apolo, la tragedia de Eco en su amor por el arrogante Narciso, o el amor eterno de dos mortales Filemón y Baucis, ejemplos de humildad y generosidad. Relatos todos ellos que pude conocer el pasado verano en el Festival de Teatro Clásico de Mérida. Tampoco hay que olvidar la que dicen ser la más hermosa aventura romántica de la mitología griega, la historia de Eros y Psique, aunque esto es cuestión de gustos.

Los dioses surgen del temor y de la necesidad. Se teme al rayo y al trueno, al sol y a la noche, y se les adora; se teme a lo desconocido, al más allá y se rinde culto a los muertos y a la vida eterna; se necesita la tierra para cultivar y a la mujer para procrear y así se idolatra a la diosa madre como símbolo de la fertilidad; la caza es fundamento de vida y se venera al oso o al bisonte. Los dioses son una creación humana y como tales, se hacen a su imagen y semejanza, nunca al revés por más que el “Génesis” se empeñe en lo contrario.

Con el paso del tiempo las religiones han ido perdiendo en espiritualidad y ganando en poder temporal. Ser el pastor del rebaño, la voz de los dioses en la tierra, otorga una autoridad ilimitada a aquellos que la detentan, y esto ya lo sabían los egipcios y los hebreos, también los cristianos que, desde la famosa y falsa donación de Constantino, se pasaron al lado oscuro del poder terrenal sin que se hayan bajado desde entonces. La posteridad de las religiones, las han ido aproximando, desde su origen, al ejercicio de la praxis política, de manera que, sus dioses y sus héroes, como nuestros políticos de hoy en día, están por encima de nosotros, pero tienen nuestra misma forma, intervienen en los asuntos de los hombres, controlan sus necesidades, sus aspiraciones, su modo de vida, somos víctimas de sus caprichos y afectados por su amor y por su ira y, por supuesto, tienen sus propios profetas, clérigos y sacerdotisas. La ideología al servicio del pragmatismo y la palabra sierva del interés. El Congreso de los Diputados, como aquel Olimpo de los griegos y aquel Asgard de los Vikingos, es templo de vicio y virtud, manantial de gozos y sombras, y espejo de la condición humana. Diputados y Sacerdotes repartiendo el salvoconducto de la felicidad, absolviendo pecados y prometiendo la vida eterna a cambio de la fe y el voto. Estado e Iglesia en la cúspide del dominio secular, reyes y prelados en el vértice de la pirámide social.

“¿Dioses? Tal vez los haya. Ni lo afirmo ni lo niego, porque no lo sé ni tengo medios para saberlo. Pero sé, porque esto me lo enseña diariamente la vida, que si existen ni se ocupan ni se preocupan de nosotros.” Decía Epicuro de Samos más de tres siglos antes del nacimiento del nazareno. Es posible que la sensación de abandono del filósofo griego, sea la misma que cala en la ciudadanía cuando se ve desamparada por sus representantes; la misma impresión que se deja entrever en los comentarios, cada vez más numerosos, que en estas páginas revelan la desidia y el desgobierno que asola nuestro pueblo, devastado como si la furia de Tifón y la voracidad de su hija Quimera hubieran tomado vecindad en la ladera del castillo. Entre tanta bancarrota, hay poca esperanza para pagar tanto desconsuelo.

En fin, Maestro Aureliano, no conocía esta bonita versión sobre el nombre de los leones del congreso y, entiendo que la mayor parte de la gente les siga llamando Daoiz y Velarde. Lo cierto es que, de puertas para adentro, pocas historias de amor se cuentan en el hemiciclo y muchas de enfrentamientos y pendencias, de ahí que, particularmente, prefiera el nombre de los capitanes de artillería al de los amantes griegos. Si me permite el símil, sería como colocar en el salón de plenos del Ayuntamiento de Alburquerque, un cuadro de la diosa AIDOS, diosa de la vergüenza, la modestia, la humildad, el respeto, y representación de la dignidad humana. En estos momentos, no sería la elección más adecuada. Y, por supuesto, a la hora de elegir equipo de fútbol, no tengo dudas. ¡Hala Madrid!

Un abrazo Aureliano.

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Portada: Eco y Narciso (Nicolás Poussin, 1628). Museo de Louvre, París.

Foto 2: Apolo y Dafne (Gian Lorenzo Bernini, 1625). Galería Borghese, Roma.

Foto 3: Paisaje con Filemón y Baucis (Peter Paul Rubens, 1630). Museo de Historia del Arte, Viena.

 

CARTA A JUAN ÁNGEL SANTOS

AURELIANO SÁINZ

En esta ocasión, amigo Juan Ángel, creo que tú eres el protagonista del Foro de Debate que se presenta como una ventana abierta en Azagala para que todo aquel o aquella que desee participar u opinar. Y la razón es bien sencilla: amplías el tema de la ira de los dioses y nos hablas de los amores que nos han llegado de las mitologías de la Grecia y la Roma clásicas como si fueran relatos que nos sirven para entender una de las eternas aventuras de los seres humanos: el amor entre dos personas.

Y aunque en el artículo hablo de dos de las fuentes más conocidas de Madrid, relacionándolas con los equipos que en ellas celebran sus triunfos, quisiera apuntar que sobre el mito de Atalanta y de Hipómenes, empecé a conocerlo a través del estudio del cuadro de Guido Reni que se encuentra en el Museo del Prado.

La figura de Atalanta me parece magnífica, pues ella que ha conocido la plena libertad en los bosques no quiere verse atada a ningún hombre, por lo que desea entregar su vida a Artemisa, diosa de los bosques, los animales salvajes, las doncellas y de la caza. Y yo me pregunto: ¿Cuántas chicas de hoy no estarían dispuestas a seguir esa aventura de la libertad que se propone en el mito griego?

Hablas también de Epicuro, el filósofo que ponía en el centro de su pensamiento la felicidad del ser humano, aunque se le ha denostado diciendo que su filosofía era la del placer. ¡Claro, un placer moderado, que en siglos después lo han confirmado la psicología y el psicoanálisis como uno de los deseos más importantes que tenemos! ¿A quién le gusta pasarse la vida sufriendo?

También abordas los argumentos de la formación de los dioses que han dado especialmente los historiadores: el miedo y la necesidad; aunque yo hablaría en plural, dado que los miedos son numerosos, al igual que las necesidades, especialmente las de tipo emocional.

Saltando a otro tema, no sé quién dijo que la verdadera religión en la actualidad era el fútbol, pues se vive con tanta pasión que cuando uno se hace de un equipo no lo deja ni se cambia a otro. Uno nace y muere con la misma con los colores del club de su alma.

En mi caso, creo haberlo contado alguna vez. Siendo muy pequeño le pregunté a uno de mis hermanos, mayor que yo, cuál era el mejor equipo de España, pues, lógicamente, yo quería ser del mejor. Él me respondió que el Barcelona, pues entonces en el club culé se encontraba Kubala, una de las grandes figuras junto a Di Stefano y Puskas. Salí muy contento de casa para decirles a los amigos que yo era del Barcelona… y, así, hasta hoy.

Bueno, no me alargo, pues ya hay bastante tema sobre el que hemos hablado.