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REFLEXIÓN DOMINICAL: Sin bozal, si no le importa

ANTONIO . RUBIO BERNAL

Por y para la libertad, el otro día un bizarro paisano –orgullosamente tocayos, con amistad de antaño-, se atrevió a denunciar por este medio el horroroso e impresentable estado de calles y aceras de nuestra villa, reclamando inversiones en ellas. Yo, aprovechando su hazaña –sí, porque en señal de reconocimiento lo llamé personalmente para felicitarle por su valentía-, tuve la dicha de gastar casi una hora hablando por teléfono, como puesta a punto sobre la realidad del pueblo. Este comportamiento debiera interpretarse, como dijese la canción, “cual árbol talado que retoña”; y aunque parezca de chiste, quién hace eso hoy en Alburquerque. Ojalá cundiese el ejemplo y tuviésemos ahora mucha foresta en tal estado y las denuncias se viesen como lo que son, como ejercicio democrático de nuestra libertad. Y no me extrañaría, como en su día hiciesen, que desde la Casa Matriz anunciasen, para risorio del personal, que estas, las calles y aceras, están entre sus principales desasosiegos, cuando por algunas no hay modo de transitar, salvo en 4×4. Así es todo aquí, espejo de la crudeza “mágica” instaurada con los años, y recientemente continuada.

A estas alturas, con milongas como que no: del cielo no caerá absolutamente nada; quien debiera poner pies en pared a este desgobierno sería el vecindario en próximas elecciones, y de momento, en tono democrático, conformarse con reivindicar derechos cautivos como el que nos trae, el derecho fundamental a la libertad de expresión, pues por más que el artículo 20 de nuestra Carta Magna recoja en su letra a) que se reconoce y protege el derecho a expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de reproducción, en nuestro pueblo no se disfruta del mismo, dado el temor de la gente a expresar públicamente su opinión sobre el proceder municipal -para algunos (PP) sin justicia, sin ética y sin decencia; ¿quieres más?-.

De auténtica pena, que algo tan trascendente, aquí devenga papel mojado, por más que vistan el disfraz de “demócratas”. En fase probatoria admitiremos las trabas puestas para que la emisora RCA entrevistase al director de las residencias de mayores –de un plumazo, ¡fuera, primero, la libertad de expresión; y segundo, la de información! -; y lo peor, se ha convertido en norma la costumbre de privarnos del derecho a la segunda, imponiéndose las largas cambiadas como cuando dicha emisora entrevistó a la alcaldesa y esta se negó a responder sobre la situación económica del ayuntamiento. En fase resolutoria surgen interrogantes: ¿dónde estamos? ¿Acaso en la Venezuela soñada por algunos? Con recurrir a la acusación, sin probar absolutamente nada, de ¡todos mienten menos yo!, dan carpetazo, haciendo uso del insulso bla, bla, bla, apto sólo para secuaces o adeptos.

Soñemos, que nada cuesta. Para próxima convocatoria de elecciones locales reivindico que algún partido de los que concurran ofrezca como primera promesa de su programa la siguiente: “desatadura de amarras de este yugo que tantos años llevamos sufriendo”; seremos nosotros quienes “rompamos con las cadenas del sometimiento”. “Si ganamos, podréis enjuiciar, discutir, aconsejar sin sufrir venganza alguna”. Stop. Despertemos. Si bien el oprimido debe ser animado a revelarse contra semejante poder injusto que no le permite ni siquiera opinar, el opresor debiera plantearse a dónde piensa llegar por semejantes derroteros. Aquí, a diferencia del cuento, no quedan ya migajas que repartir; no hay caudales con los que comprar, aunque fuesen voluntades; no hay cambalaches intercambiables, tipo cromos; no, sólo resta acatamiento, sumisión, pleitesía, como tristemente vemos en el caso de los trabajadores que no cobran lo que es suyo, pero que no pían –de nada sirve el famoso dicho: “quien no llora, no mama”-. Como acertadamente apuntase, a colación del artículo del paisano, una sanvicenteña de origen alburquerqueño con la que comparto sangre: “¡Lo que no entiendo es ese servilismo que existe por parte de una gran mayoría!”, eso es lo que hay.

Hoy que tantas veces escuchamos la similitud entre la mascarilla y el bozal, te animo que uses la primera por ser necesaria para prevenir y por respeto a los demás, pero revélate contra el segundo que, si bien es objeto que evita el mordisco de los perros, en lo que nos trae sólo sirve para frenar tus pensamientos y tus derechos. ¿Te imaginas el nerviosismo del consistorio cuando viese a muchos usando la primera pero sin el segundo? Quién sabe, lo mismo también perdían el sueño como aquel que en su día nos hablase de uno que se lo quitaba, y hoy ha devenido fundamental. ¡Qué enriquecedor sería poder escuchar las ideas de todos sobre todo!

Créeme. Si ante nuestros ojos tenemos la más terrible miseria económica, no consintamos, estimado lector, que la miseria moral –aún más denigrante que la primera- invada nuestras vidas y reine por doquier en nuestras abruptas calles y aceras.