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Carta a mi querido Alburquerque

ANTONIO L. RUBIO BERNAL

Con el debido respeto,

Me gustaría tener capacidad para describir un magnífico fin de semana virtual en tus calles, en tus plazas, en tus bares, pero me temo que no será posible, no por nada sino por mi incapacidad.

Te propongo: confórmate con que te comente “chascarrillos” para así entretenernos en estos días.

La lucha, tanto individual como colectiva, contra el mal continúa, prohibido rendirse. No te perdonaría que te contagiases de la peor de las enfermedades, la perdida de esperanza, la incapacidad para alzar tus ojos buscando la luz que nos traerá un nuevo día, cuando el presente sea pasado, cuando tus temores se hayan marchitado, cuando tu mente limpia de miedos vuelva a saludar sin temores; y para todo ello sólo debes confiar y esperar. Sí, créeme.

Pasemos el rato juntos, y pongamos fin a aquello que siempre, erróneamente, hemos hecho: “cada uno por su lado “. Al decirte esto se me vienen a la mente las palabras de un economista de mediados del Siglo XVIII -¡ya ves si habrá llovido!-, Martínez de la Mata, que perfectamente serían aplicables a tu día de hoy: “El defecto más evidente que se concentra en las entrañas de esta república -“bananera”, así apodo yo a la tuya-, consiste en que (…) cada hombre piensa únicamente en su utilidad presente y en modo alguno en el futuro”. ¿Te suena de algo? Ese ha sido tu mal, por ello confío que este enorme percance logre abrir los ojos a todos aquellos que en ti viven.

Bien sé que no es momento de criticarte, pero cuidadito qué “brevas” te han tocado. Ahí algunos se consideran con el derecho de dar un “pregón” sobre el COVID-19; por no ir más lejos tienes un vecino que en Facebook se atribuye la capacidad de valorar “tu” resistencia al mismo, predecir su ubicuidad y origen de posibles contagios. Increíble, en un lenguaje muy enrevesado, trata el asunto de modo que me asusta. ¡Con lo difícil que está resultando luchar contra él! Pero no te asustes,  por donde quiera los hay; pues anda que en la casa que debiera ser común -yo al menos así la he considerado siempre-, España, no hay una que después del 15-M todo era  hablar de lo público,  la lucha sólo encaminada a ese fin, sanidad, educación, etc., y tiene la mala suerte de caer enferma por el virus y pasa su cuarentena en casa con todos los servicios, a modo de hospital privado, al igual que la segunda de a bordo socialista, la que a boca llena proclamaba que a las mujeres “les iba la vida en ello”, refiriéndose a asistir a la manifestación del 8-M, y desgraciadamente se encuentra en un afamado hospital privado. Lo que viene a ser “cuando es para sí, Sra. Luisa”; y es que, desde que el mundo es mundo, una cosa es predicar…. Pero, bueno, menos mal que ya la costumbre de ver caras desvergonzadas es grande.

Voy a dejarte.  Me gustaría conocer tus opiniones sobre lo tratado, pero resultará imposible. Me da igual un día más un día menos, lo único que te pido es que perseveres en la lucha, que no desfallezcas, que a buen seguro llegarán tiempos mejores y tú, con el castillo en todo lo alto, permanecerás ahí esperando para acogernos a “todos” en tu seno.