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Tiempos inciertos (2)

Por AURELIANO SÁINZ

Hemos ya cubierto la primera semana de confinamiento. Empezamos a reorganizar nuestras vidas ante una emergencia que nadie había imaginado. Cada uno de nosotros tiene circunstancias que son muy personales; no obstante, compartimos un hecho común: el aislamiento y la ruptura brusca con la vida cotidiana que llevábamos hasta recientemente.

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Sigo atentamente el acontecer de nuestro pueblo. Me da una enorme alegría saber que, en el momento en el que esto escribo, no hay nadie a quien se le haya detectado el coronavirus en Alburquerque. También los gestos de solidaridad que nacen espontáneamente de la gente. Son gestos que te ayudan a no perder la fe en los sentimientos más nobles que aniden en el fondo de las personas.

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En ocasiones, como he podido comprobar, hay comentarios mejoran y superan lo que uno ha escrito. Es lo que hace Juan Ángel Santos en la primera entrega de esta serie que he iniciado. No solo es una lúcida reflexión la que expone, sino que la hace con una excelente prosa. Solo me queda, pues, darle las gracias.

Además, comparto totalmente con él lo que apunta al final de su escrito en el que dice: “Espero que todos pasemos con entereza, serenidad y salud, dando una respuesta unida y solidaria cada día hasta que esto amaine. Y deseo que, una vez superada la tormenta, tengamos la suficiente templanza para aprender y mejorar como especie y sociedad”.

Y es que la salida de esta gran crisis mundial no puede conducirnos a lo mismo. Las naciones y los seres humanos tienen, tenemos, que transformarnos, tenemos que aprender de los errores, debemos imaginar una sociedad mejor. Ya lo dijo en uno de sus discursos Martin Luther King: “Hemos aprendido a volar como los pájaros, a nadar como los peces, pero no hemos aprendido el arte de vivir como hermanos”. Tiene que nacer una sociedad global nueva y fraterna en la que se arrincone el inmenso egoísmo que vemos a nuestro alrededor.

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Los aplausos continúan puntualmente en mi barrio a las ocho de la tarde. Se van sumando cada vez más gente. El domingo pasado se me ocurrió la idea de saludar con algo a quienes nos encontrábamos en los balcones y terrazas. Y nada mejor para ello que acudir a una canción optimista y alegre que se hizo muy popular a comienzos de los ochenta: Sweet dreams (Dulces sueños) de Eurythmics. Así pues, puse un bafle muy grande apoyado en la ventana y cuando terminaron los aplausos empezaron a sonar a todo volumen los acordes de este tema.

En medio del silencio total y absoluto de la noche, puesto que no circulaba ningún vehículo, se expandían los sonidos por todo el entorno.

En un momento determinado, una chica que caminaba por la calle con su enorme perro se para y empieza a moverse al ritmo que marca la canción que canta Annie Lennox. Nos saludamos. Me produjo una alegría saber que en estos tiempos de incertidumbres y miedos es posible crear unos momentos felices compartidos.

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Ayer, lunes, no sabía si continuar, pues estuvo lloviendo intensamente por la tarde. Sin embargo, al acercarnos a las ocho escampó la lluvia. En esta ocasión acudí a las canciones de Izaro, una chica vasca a la que conocí en Barcelona y me firmó su disco Limones en invierno. Elegí su tema Aquí. Para sorpresa mía, mis vecinos, tanto los de mi bloque como los de enfrente, me animaron a que continuara y les pusiera otros temas.

Esta noche sonará la voz de nuestro paisano Luis Pastor y cerrará este breve encuentro Marina Rossell con una inolvidable canción Yo te diré, tema central de aquella película titulada Los últimos de Filipinas. Estoy seguro que los más mayores lo agradecerán, y los más jóvenes se emocionarán con la bella y dulce voz de la cantante catalana.

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Tiempos inciertos. Tiempos de ventanas, balcones y terrazas. Tiempos de temores y vacilaciones. Tiempos, también, de gestos de apoyo y de compartir algunos momentos alegres que nos unan a quienes estamos embarcados en una nave que desconoce cuándo arribará a tierra firme.