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Reflexión sobre “Cuando llegó Vadillo (…) se empezó a ayudar a la iglesia (…)”

ANTONIO L. RUBIO BERNAL

Bien lo quedó dicho Ramiro: “Aquí, en Puerto de Albahacar, somos muy dados a la alteración de carácter, forma de ser o personalidad”. Y lo traigo a colación porque usted, señora alcaldesa, ni es nativa ni se crio aquí, razón suficiente para informarse debidamente, y con antelación, de nuestras cosas cuando tome la palabra en público, y sea consciente de lo que expone y cómo lo hace, no sólo por autoestima sino por respeto al auditorio, si no quiere perder aún más su credibilidad entre aquellos que no somos de su cuerda.

Usted, con todos mis respetos, es muy osada hablando. Llegó a apuntar, nada más y nada menos, que “cuando llegó Vadillo a la alcaldía se “empezó” a ayudar a la iglesia y a restaurar el patrimonio religioso”. Y claro, los nativos le responderíamos que salvo blanquear –dar cal a las paredes-, lo demás, lo sufragaron los feligreses –siempre fue muy bien vista la ayuda, como limosna, a la Iglesia-. Y si no, fíjese en la ermita de Santa Ana, donde guarros y gallinas campan a sus anchas. Sólo una pregunta: ¿está usted segura de que este compromiso con la Iglesia católica, apostólica y romana estuvo recogido en el programa de ORPO?

Lo que le relato ya le ha ocurrido más veces- llueve sobre mojado, decimos aquí-. Recuerde el homenaje a Pámpano, el número de visitas al Castillo o el discurso de Navidad. En todos ellos, error. Necesita decirle a su asesor que lo que le indique o sugiera sea cierto, porque si no, en algo tan sencillo ocurre que, cuando se le pierde el miedo al micrófono, decimos lo indebido. E imagínese qué pérdida de credibilidad cuando ahora llegue Negrete con una batería de fotos de antaño y descubra, una vez más, que usted no es que no tuviese razón sino que ni idea de lo que estaba platicando. Y no sólo eso, sino que enseguida brota en las mentes el término ignorante, y usted nos representa, con lo cual nos hace quedar mal. Sí, porque no se refiere el de “ocurrente”. ¡Qué va!

Que defienda o alabe a su antecesor, lo respetaré siempre, sus razones tendrá, pero que nos lo presente como “el Jacob alburquerqueño”, independientemente de que como símil hubiese agradado más o menos en el Encuentro de Hermandades y Cofradías, es pasarse; a ver si gracias a él llegó a nuestras bocas el maná en forma de pan tierno, vía La Providencia, o el agua corriente para saciar nuestra sed fue fruto de su intermediación para construir la Fuente Elvira Vaca.

Lo peor de esta reflexión sería que para sus adentros pensase que le da exactamente igual lo que los demás pensemos o aquello de lo que las redes sociales se hacen eco – a propósito, también la esperan los corazones solidarios, ya en San Vicente, para ser instalados en nuestra villa y de momento…-, pero no olvide aquello que dijo también Ramiro, y que le atañe: “Esta época pasará a la Historia de Puerto de Albahacar como la del disparate, del esperpento, del despropósito, del adefesio, de la extravagancia y de la insensatez”, justo lo que se hace cuando se habla de aquello que se desconoce.

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Foto: Ermita de Carrión, remodelada en diversas ocasiones, al igual que el resto del patrimonio religioso de Alburquerque, por distintas corporaciones a lo largo de decenas de años.