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Reflexión sobre el campo extremeño

ANTONIO L. RUBIO BERNAL

Corren tiempos en que ni ganas tengo de abrir periódicos con afán de leer las noticias –lo confieso-, por miedo. Y eso me ocurrió el otro día cuando tuve conocimiento de lo ocurrido en Don Benito con motivo de la manifestación de agricultores, convocados por sus organizaciones, a las puertas de Feval con motivo de la Agroexpo, Feria de la Agricultura. Vergüenza ajena, en lugar de designar a un representante por cada organización para dialogar in situ–¿nos dijeron que éste era el gobierno del “diálogo” o lo he soñado?- Por la parada policial, lo vi yo;  cargar contra gente humilde que llevan en su ADN la nobleza por virtud. Una muestra más de la desigualdad entre los territorios de España. A buen entendedor…

Siguiendo las instrucciones de mi voz interior que me dicta que tengo que estar juicioso a la hora de tratar el tema, tristemente nuestra comunidad autónoma –superdependiente del resto, para más inri-, presenta la tasa de paro más alta de España –más del 23%, que no es moco de pavo, decimos aquí-. Y por si fuese poco, ahora nos encontramos con que nuestra agricultura pierde casi 40.000 puestos de trabajo en 2019. Para hacernos una idea, el número de parados en la agricultura aumentó en casi 9.000 personas en el último trimestre del año pasado. Ahí les dejo los datos, dignos de reflexión.

Sin miedo a errar -jamás he sido agricultor-, podría decir que sé menos de campo que, presumiblemente, un cartujo de mujeres; pero me interesa, y preocupa, el tema. Por dos imperiosas razones: por amor a mi tierra, Extremadura, acreedora de mi más sincero compromiso; y por vivir en zona agrícola, donde conozco a agricultores -unos grandes, otros pequeños; unos amigos, otros conocidos- a los que siento próximos; y les escucho cuando me dicen: “Si no fuera por la PAC”, “¿Conoces a alguien que trabaje para no ganar dinero?”, “¡Al vacie, es donde vamos!”, “¿Quién vive así?”, “¿Trabajar para qué; para que ganen los intermediarios?”…

Venir con milongas bien sonantes: “¡más inversiones y planes estelares de empleo!”, como que no, toda una vida escuchándolo. Además, no está España –tomara ella defenderse- como para hacer maravillas. Amigo lector, empleando pura lógica, ¿no encuentra más sensato analizar el problema en aras a buscar solución, si la hubiera? No soy economista,  pero tengo claro que si la renta agraria ha bajado es debido a que los precios del sector están bajos –dicho con suavidad-; tanto que no llegan a cubrir los costes de producción, que se han incrementado –por el aumento de los costes laborales también-; luego, por consiguiente, se contrata menos –en cuatro meses, 20.000 empleos menos, como el que no quiere la cosa-.

Y en medio de toda esta vorágine nuestro Presidente Vara, con el respeto institucional y el aprecio personal con el que cuenta por mi parte, pide “ahora” al Ministerio de Trabajo analizar la relación entre el aumento del paro agrícola y la subida del SMI, con objeto de analizar su “impacto y consecuencias”, que a todas luces han quedado expuestas: datos no malos, pésimos. Y digo yo –hablando de adverbios- mejor que “ahora”, por qué no fue “antes”? Y si a usted, con sus ocupaciones, se le pasó, ¿dónde estuvieron sus asesores para anunciarle la debacle? A los que nos gusta alternar, escuchábamos -día sí, otro también- el mismo cántico: con este SMI, “¿quién va a contratar si el campo no renta?”. Y ya ve, si lo sabíamos nosotros -tuercebotas vulgares y corrientes-, simplemente basándonos en nuestro tejido productivo –bastante deficitario, por cierto- y en nuestro mercado laboral -del cual mejor ni hablar-, imagínese ellos que cobran por estar al loro. Es más, la patronal del campo lo anunció: ¡aquí, ese nuevo salario, hoy, NO SE PUEDE PAGAR! Y les creo, porque en base diez, sin incrementar la rentabilidad del sector, vendiendo por debajo de los costes de producción –que lo repite hasta la saciedad César Lumbreras en Agropopular todos los sábados por la mañana-, las rentas agrarias con bajada del 8.3%, ¿quién carajo se atreve a contratar? ¿Quién quiere la ruina para su casa?

Tome nota; las espadas están en lo alto; lo tristemente ocurrido en Feval puede ser el anticipo de lo que se avecina. La época de entregar la fruta sin precio, a cobrar en seis meses, a lo que les dé la real gana –si se cobra-, ha pasado. Conforme a una buena política, ahora toca estimular la actividad económica de un sector que lo necesita más que nunca –y esperemos que Europa pueda seguir cumpliendo sus compromisos-; procede crear un marco jurídico apropiado para ello; establecer criterios de eficiencia y operatividad; incrementar la competitividad del sector. Sin ésta última, lo tenemos difícil, por mucha despensa de Europa que nos creamos. “Establecer o considerar unas cotizaciones especiales”, “compensar a aquellas comunidades autónomas que tienen más dificultades para poder subir los salarios” –que usted ha expresado- es más de lo mismo, lo que no ha funcionado desde hace años. Formular que “algo que es intrínsecamente bueno como que exista un mayor SMI hay en algunos lugares como aquí que eso está provocando la destrucción de empleo agrario” queda bien pero… Y bueno, reconocer que quizás “ahora se pueda dar la circunstancia de que en una coyuntura de precios bajos para el sector le cueste mucho poder estar sufragando una subida de los costes salariales”, es obvio. (Los entrecomillados últimos hacen referencia a declaraciones suyas en diferentes momentos)

Podremos subir en turismo, en inversión o en exportaciones –como usted declara, y yo me alegro-, pero como no cuidemos nuestro campo, y a su gente, le anuncio: todo se irá al traste –entonces es cuando vamos a conocer, de verdad, la despoblación de zonas rurales-. Lógico que se sienta el primer responsable de la hecatombe, pero usted debe ser el primer obligado en tomar medidas: dinamizar la firma del convenio del sector, contemplar cotizaciones especiales… y no sólo alegrarse de que se firme el nuevo SMI. Créame, con pena se lo apunto: la subida ha influido, y bastante, pero- y esto es más triste- o se toman “ahora” medidas para el sector agrario o Extremadura, sencillamente, no sobrevivirá. Alea jacta est.