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Vida y muerte de don Álvaro de Luna (VI). Regreso triunfal a la Corte

Por AURELIANO SÁINZ

Quisiera detenerme en esta sexta entrega, en la que abordaré el regreso triunfal de don Álvaro de Luna a la Corte, por varias razones: la primera por la relevancia que había adquirido el condestable dentro del gobierno de la Corona de Castilla, dado que en su ausencia “todo fue de mal en peor a partir de su salida de la Corte, dado que las ambiciones e intereses personales de unos y otros, que durante tanto tiempo se habían visto reprimidos por la autoridad del privado, ahora encontraron abiertas todas las puertas y allanados todos los caminos para actuar a su antojo” (Serrano Belinchón, pág. 57).

En segundo lugar, porque la vuelta se produce de un modo verdaderamente triunfal desde su destierro en Ayllón (Segovia) hacia la villa de Turégano, también ubicada en esta provincia. La razón del retorno a esta pequeña localidad segoviana se debe a que por aquellas fechas la Corte de Juan II se encontraba reunida allí.

Hay una tercera. Y es que en este recorrido que vamos haciendo sobre la vida de don Álvaro de Luna conviene que nos adentremos también un poco en el conocimiento de las fortalezas y palacios en los que se desarrollan los acontecimientos de la vida de este personaje que tiene tanta relevancia en la historia de Alburquerque. Así, podremos entender mejor el valor y el significado arquitectónico de las fortalezas de la Corona de Castilla, entre las que se encontraba la de Alburquerque, que, como veremos en los dos siguientes capítulos, jugó un papel esencial en la guerra castellano-aragonesa de los años 1429-1430.

Desde esta perspectiva, no me importa alterar en esta ocasión un poco el ritmo del relato para indicar que recientemente la Comisión de Patrimonio de Castilla-León ha aprobado la rehabilitación, con apoyo económico, de la iglesia-castillo de Turégano, lugar en el que, tal como he indicado, se encontraba el rey de Castilla y al que tuvo que ir el condestable con aires triunfales.

La razón de este breve inciso (que amplío en las anotaciones finales) se debe a que conviene comparar la protección de esta singular fortaleza que se está llevando a cabo con la escasa o nula que se le presta al castillo de Alburquerque, que, como bien sabemos, históricamente pasó a ser propiedad de don Álvaro de Luna tras el triunfo de las fuerzas castellanas en la guerra de 1429-1430.

Pero volvamos al relato de la vida del condestable de Castilla, dado que durante su ausencia, tal como se ha apuntado, las rencillas y las conjuras, las intrigas y las ambiciones, se habían instalado en la Corte con un carácter tan disgregador que amenazaban la estabilidad del reino, al haberse convertido en un cuerpo sin rumbo dentro un gobierno a la deriva.

Era tal la situación que, incluso, los acérrimos enemigos de don Álvaro de Luna, caso del infante don Enrique y de su hermano don Juan, ahora rey consorte con el nombre de Juan II de Navarra, “los mismos que habían solicitado del rey don Juan II de Castilla que apartase al Condestable de su lado, ante la imposibilidad de entenderse entre sí, reconocieron llanamente su error y pidieron que volviese don Álvaro a la corte” (César Silió, pág. 77).

Los mensajes enviados por el monarca a su condestable fueron del agrado de este dado que los esperaba. “Soñaba con aquel ruego desde el mismo día que salió de Simancas; pero, a pesar de eso, no respondió con una afirmación, sino con una excusa (…). Sin embargo, satisfecho por haberse hecho de rogar tantas veces a las llamadas del Rey, comprendió que no tenía otra salida que volver a la Casa Real con ciertas condiciones” (Serrano Belinchón, pág. 60).

Don Álvaro de Luna no quiso incorporarse a su puesto en el gobierno de Castilla como quien vuelve de un destierro, sino con todos los honores del valido del reino que ha sido reclamado tanto por el rey como por todo el Consejo del Reino para salvar a sus estados. Quería regresar de modo triunfal, haciendo ver que su presencia en la Corte de Castilla era imprescindible para su funcionamiento, ya que era él quien podía controlar el caos en el que se encontraba.

Así, al castillo del condestable en Ayllón acudieron plateros, joyeros, bordadores y sastres de la Corte de Castilla y de otros reinos. Todo se preparó con sumo cuidado para que el esplendor y el boato que deseaba el desterrado reluciesen a lo largo del camino que tenía que recorrer. De este modo, y a pesar de que la separación entre Ayllón y Turégano era de solo algunas leguas, había que atravesar otras pequeñas villas segovianas (Riaza, Duruelo, Castelnovo o Guijar) con el fin de que los aldeanos contemplaran y admiraran su grandeza.

En la Crónica de don Álvaro de Luna escrita por Gonzalo Chacón, un contemporáneo del condestable, nos indica que don Álvaro de Luna iba vestido con ropajes nuevos y muy ricos; que tras él marchaban muchos pajes y escuadrones de caballos escogidos por el propio condestable; además, soldados armados con arcos y lanzas refulgentes, unos a pie y otros a caballo; así como ballesteros y trompeteros vestidos de librea… Todo ello contemplado por la gente que fascinada se agolpaba en viendo regresar al valido del rey.

Camino de Turégano, recibía todo tipo de aplausos, vítores y aclamaciones de campesinos y labradores, que se encontraban apostados en las veredas de un recorrido que duró tres jornadas. Como era habitual en él, sabedor de sus cualidades, saludaba con la gracia que le caracterizaba, al tiempo que con sus gestos y poses marcaba los aires de un triunfador. Así llegó, acompañado del gentío, a las puertas del lugar en el que se encontraba el rey.

Las fiestas que se desarrollaron a la vuelta del condestable alcanzaron cotas antes nunca vistas: banquetes, justas, torneos, bailes y toda clase de juegos, con las que se quería expresar el estado de júbilo que había en la Corte. No obstante, a estos días de júbilo y felicidad pronto les seguirían otros que serían los que precipitarían la confrontación que se desarrolló entre la Corona de Castilla y la de Aragón (apoyada esta por el reino de Navarra) en lo que se conocería como la guerra castellano-aragonesa de 1429-1430.

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Anotaciones:

Tal como he manifestado, y siguiendo los criterios del historiador Edward Cooper, conviene que el conocimiento de la historia medieval se acompañe también del estudio de la arquitectura militar de aquella época, tal como lo llevo haciendo.

De este modo, sobre la iglesia-castillo de Turégano, cuya imagen aparece tanto en la portada como en la fotografía del interior del texto, tengo que apuntar que, con fecha del 10 de septiembre de 2019, aparece en el diario El Norte de Castilla una información detallada en la que se indica que la Comisión Territorial de Patrimonio de Castilla y León autorizó el proyecto promovido por el Ayuntamiento de Turégano para la rehabilitación de la iglesia-castillo de la localidad.

Para no extenderme, brevemente indico que el proyecto prevé cinco puntos de actuación: dotaciones y accesibilidad; puesta en valor del conjunto arquitectónico; dotación de un módulo de acceso e información; organización de recorridos por el monumento y mejoras en las instalaciones.

Si comparamos este enfoque de protección con lo acontecido en el pueblo, cabe hacerse unas preguntas: ¿Acaso esto tiene alguna relación con las arbitrarias y demenciales actuaciones que llevaron adelante la Junta de Extremadura, con gobierno socialista, y el Ayuntamiento de Alburquerque cuando se embarcaron en una absurda hospedería que estuvo a punto de deformar la mejor fortaleza medieval de Extremadura?

Por otro lado, ¿cuándo se van a abordar los importantes deterioros que aparecen en el Castillo de Luna, con especial significación el enorme boquete que se ha abierto en la parte inferior de la Torre de los Cinco Picos?

Además, ¿en qué fecha se abrirá el Centro de Interpretación del Medievo que, tras una importante inversión de la Junta de Extremadura cuando estuvo gobernada por los populares, se encuentra cerrado a cal y canto, sin que el pueblo de Alburquerque lo haya podido visitar, lo que conduce a que no tenga la menor idea de cómo es interiormente?

Y por último, ¿cuándo contaremos con representantes que sean respetuosos con nuestro Patrimonio o, al menos, se informen de la importancia histórica y arquitectónica que tienen tanto el Castillo, como los Baluartes o las Murallas y sus entornos?