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Recordando a Leonardo da Vinci

Por AURELIANO SÁINZ

El primer domingo de octubre, paseando por el centro de Córdoba me encontré con un conjunto de artefactos que al contemplarlos de cerca comprobé que eran unas réplicas de las máquinas que había proyectado uno de los grandes genios que ha dado la humanidad en todos los tiempos: Leonardo da Vinci. Formaban parte de una exposición itinerante que a lo largo de este año ha recorrido distintas ciudades de nuestro país, como homenaje a que en este año de 2019 se cumple el quinto centenario de su fallecimiento.

Recordemos que Leonardo da Vinci había nacido en 1452 en Vinci, pequeña localidad que pertenecía a la República de Florencia. Fallece el 2 de mayo de 1519 en el castillo de Clos-Lucé de Amboise, villa ubicada en el centro de Francia, cuando había cumplido los 67 años.

Como es de imaginar, Italia, su país de origen se ha volcado en homenajear a uno de sus más representativos personajes, todo un portento creador. Aquí, de modo mucho más modesto, se le recuerda, especialmente en su faceta de inventor de múltiples artefactos, que fueron los antecedentes de maquinarias que actualmente forman parte de nuestras vidas.

En estas líneas de Azagala digital, como pequeño testimonio a su figura, quisiera acercarme a una de sus caras menos conocidas: sus escritos. Así, presentaré una breve selección de aforismos suyos relacionados con la pintura, ya que es una de las facetas por la que mundialmente se le conoce.

Así pues, ¿quién, por ejemplo, no ha oído hablar o ha visto ‘La Gioconda’, sea de manera directa en el Louvre de París o a través de reproducciones? Hago referencia a la que, quizás, sea la pintura más famosa de todos los tiempos. No entro a valorarla ni a compararla con otras mundialmente conocidas como son ‘Las Meninas’ de Velázquez, ‘El Guernica’ de Picasso o ‘El grito’ de Munch, pues el debate abierto se eternizaría.

Lo que sí es cierto que sus obras abarcaron no solo la pintura, sino que a Leonardo también se le conoce por sus trabajos como arquitecto, anatomista, botánico, ingeniero, músico, inventor, etc. Un largo etcétera que alcanza también a la escritura en la que reflexiona sobre temáticas como las ciencias naturales, la anatomía e, incluso, la gastronomía.

Sus reflexiones o pensamientos se han ido editando a lo largo de los años, recogiéndose bajo el título de Aforismos, es decir, textos breves acerca de temas tan diversos como son teodicea (o teología fundada sobre los principios de la razón), psicología, moral, ciencia, naturaleza, geología, astronomía… y, por supuesto, reflexiones sobre el arte y la estética.

Puesto que realizar una selección de los 736 aforismos de los que se compone la recopilación de sus escritos nos llevaría a una especie de puzle, creo que lo más razonable es hacerlo de aquello por lo que es más conocido: el arte.

Así pues, he seleccionado un conjunto de máximas en las que, como vemos, comienza quejándose del poco reconocimiento que hay hacia las artes plásticas, y, de modo más concreto, hacia la pintura; mientras que, según su criterio, la literatura y la poesía eran excesivamente valoradas en su época. En cierto modo esto es comprensible, pues, antes de que él naciera, brillaron con esplendor dos inmensos poetas italianos: Dante Alighieri y Francesco Petrarca, nacidos en Florencia y en Arezzo, respectivamente.

Para hacer más amena la exposición, intercalaré pinturas, grabados y dibujos del genio del Renacimiento italiano. He comenzado por un grabado como autorretrato, al que le sigue otro muy conocido, ‘El Hombre de Vitrubio’, en el que nos muestra al cuerpo humano como centro de las dos formas geométricas fundamentales: el círculo y el cuadrado.

Tal como he apuntado, Leonardo inicia los aforismos referidos a la pintura quejándose de la relegación en la que se la sitúa con respecto a las denominadas artes liberales, al tiempo que manifiesta el desconocimiento que se tiene de las reglas de las artes plásticas.

Con razón la pintura se duele de ser excluida del número de las artes liberales, siendo, como es, verdadera hija de la naturaleza, y operando por medio del ojo, que es el más digno de los sentidos”.

Injustamente, pues, ¡oh escritores!, la habéis dejado fuera del conjunto de dichas artes liberales, a pesar de que ella no solo se aplica a las obras de la naturaleza, sino que realiza infinidad de otras que la naturaleza no creó jamás”.

El genio florentino habla del ‘divino carácter’ de la pintura. No sé si lo hacía de manera metafórica o como algo que consideraba que emanaba de ciertos atributos de la divinidad. Lo cierto es que su Mona Lisa, de la que presentamos un fragmento, nos remite a una de las obras más grandiosas que salen de las manos y de los pinceles de un ser humano.

El fin de la pintura es comunicable a todas las generaciones del universo, pues depende de la facultad de la vista, y de las impresiones de la visión pasa al cerebro sin utilizar el oído”.

Ella no necesita, por consiguiente, de intérpretes de diversas lenguas, como la literatura; y satisface de inmediato al espíritu humano, a semejanza de las cosas que produce la naturaleza”.

Estamos de acuerdo con Leonardo que la pintura tiene un valor y un significado universales, y que, a diferencia de la literatura, es comprendida a través del sentido de la vista, sin necesidad de ser traducida a palabras. ¿Quién, por ejemplo, independientemente de su idioma, no entiende la imagen de ‘La dama del armiño’?, otra de las pinturas muy conocidas del genio florentino.

¿Quién no preferirá perder el oído, el olfato y el tacto antes que la vista? Porque el que pierde la vista es como un hombre desterrado del mundo, puesto que ya no puede verlo ni ver cosa alguna; y una vida semejante es hermana de la muerte”.

¿Qué poeta, con sus palabras, reproducirá para ti amante, la exacta efigie de tu ideal, con tanta verdad como el pintor? ¿Quién te mostrará los paisajes de los ríos, bosques, valles y campiñas, donde pasaron tus días más felices, si no es el pintor?”.

Uno de los grandes logros del Renacimiento fue la representación de la perspectiva que llevaron a cabo de modo habitual los pintores renacentistas, entre los que se encontraba él mismo, ya que la aplicó tanto a sus cuadros al óleo como a los dibujos y grabados.

No hay parte alguna de la astrología que no dependa de los rayos visuales y de la perspectiva, hija de la pintura, porque es el pintor quién engendró la perspectiva por necesidad de su arte. Esta perspectiva enseña a trazar las líneas que limitan las figuras todas de los diversos cuerpos creados por la naturaleza. Sin ella, la ciencia de la geometría no existiría”.

La insistencia de Leonardo en explicar la superioridad de la pintura sobre la poesía, y del sentido de la vista sobre el del oído, le lleva a escribir este breve relato en dos fragmentos que, en realidad, es una anécdota con escaso valor.

Cuentan que un día del natalicio del rey Matías, cierto poeta le ofreció una obra suya que celebraba la fecha memorable en que, para bien del mundo, había nacido el ilustre monarca; y agrega la tradición que un retrato de su amada le fue presentado en el mismo acto por un artista que lo había pintado para tal fin. El rey, apenas tuvo en sus manos la pintura, sin hacer caso del libro, fijó en ella sus ojos con gran admiración”.

El poeta entonces, fuertemente indignado, dijo: ‘¡Oh rey, lee, lee, y percibirás algo de mayor sustancia que la muda pintura!’. Pero el rey, oyéndose reprochar su atención a cosas mudas, le replicó: ‘Calla, oh poeta, que no sabes lo que dices; esta pintura apela a un sentido más noble que tu libro, que es bueno para los ciegos. Dame algo que pueda ver y tocar, y no solamente oír, y no me censures porque he puesto la obra tuya bajo mis codos mientras sostengo la pintura con ambas manos frente a mis ojos”.

A pesar de la insistencia que lleva a cabo el genio florentino, en la actualidad, no hay controversia entre la pintura y la literatura, pues son creaciones humanas que no compiten entre sí, dado que ambas tienen autonomías propias que no se daban en la época del Renacimiento.

***

Para cerrar este breve paso por algunos aforismos que le debemos a Leonardo, quisiera apuntar que los dibujos y pinturas suyos que han servido de separación de los textos han sido: 1) Fragmento de autorretrato. 2) El hombre de Vitrubio. 3) Rostro de La Gioconda. 4) Rostro de Dama del armiño. 5) Estudio anatómico de calavera y 6) Dibujo de caballo.