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De cómo Mari se convirtió en Murillo

Por FRANCISCO JOSÉ NEGRETE

Conocí a Marisa Murillo allá por el año 1996, cuando llegó a Alburquerque para trabajar en un proyecto de escuela taller. Entonces nos hicimos buenos amigos en el seno de un grupo en el que estaban otro trabajador de la misma, el inolvidable Fede, y otro gran amigo mío de entonces, Eduardo Maya. Cuando no salíamos de copas nos juntábamos en casa de Fede para charlar, ver películas o escuchar música, y reír, y reír…

Entonces, a la actual alcaldesa era simplemente Mari, o “la Mari” como la llamaba su compañero de trabajo. Una joven amigable, cariñosa, emotiva, atenta… No le atraía para nada la política; es más, nunca tocábamos asuntos políticos.

Mi amistad con ella era tal que incluso Ángel Vadillo siempre me decía que Mari tenía que ser mi pareja, pero nosotros éramos buenos amigos y nunca hubo nada más.

Con los años, la situación fue cambiando, desde el momento en que Vadillo empezó a molestarse con mis artículos en La Glorieta verdadera. Uno motivó que él me levantara la voz por primera vez. Se titulaba “Alburquerque está viviendo por encima de sus posibilidades”, en el que me mostraba muy crítico con el despilfarro del ayuntamiento y vaticinaba que aquello podría acabar en una situación económica delicada, como así ha sido.

Por entonces, Fede ya no estaba en Alburquerque, pero la relación entre Mari y yo seguía siendo buena. En 2006, cuando Jesús Lara fue elegido presidente local del PP y empezó a hacer una oposición que a Vadillo le había faltado hasta entonces, un servidor, como era mi obligación, comenzó a hacerse eco de sus ruedas de prensa en el periódico y en La Glorieta, en aquella época ya repudiada por el ex alcalde; no olvidemos su frase: “se me revuelven las tripas con algunos artículos”. Luego apareció Adepa y aquella fue ya la puntilla. Vadillo dejó de hablarme y empezó a lanzarme indirectas en los medios de comunicación, hasta que llegó el día en que me llamó a su despacho y me dio el ultimátum: “O dejas el periódico o te despido”. Su intención, como así me explicó, era que dejara de publicar las noticias que me facilitaban Adepa y el PP, por lo que, dada mi situación de entonces -mi mujer desempleada, con un niño recién nacido y pagando la hipoteca de mi casa- claudiqué ante su humillante amenaza. Le dije que aceptaba su propuesta y me pidió que le dejara ver los artículos que escribía. Creo que fue la única vez que agaché la cabeza en mi vida.

Como todo el mundo sabe, no pude llevar a cabo ese compromiso. Era superior a mí. Mi dignidad no me lo permitía y quería ser capaz de seguir mirándome al espejo cada mañana. Mejor morir que vivir de rodillas, como dijo aquel guerrillero. Así que seguí adelante con mis informaciones. Vadillo contraatacó creando un “consejo asesor” al que yo tenía que enviar todos los artículos de La Glorieta para que le dieran el visto bueno antes de publicarse. Todos los que escribíamos entonces le conocíamos como “consejo censor”.

Mi relación con el ex alcalde había muerto hacia un buen montón de años y a finales de 2007 me despidió del trabajo. Mari se había presentado con él a las elecciones de ese mismo año y, aunque nada ocurrió entre ella y yo, desde el principio decidió romper nuestra amistad y fue una de la que dio el visto bueno a mi despido, cuando yo atravesaba los momentos más duros de mi vida por la muerte, un mes antes, de mi hermano Fernan en un desgraciado accidente laboral.

A lo largo de estos años, Marisa Murillo me ha atacado duramente en los medios para ganar honores ante su mentor, como tantos otros…

Hoy ya no lo conozco. Por eso, cuando la vi en su primer pleno como alcaldesa entrar en el salón sin dar las buenas tardes, y no miró jamás a los ojos de los miembros de los concejales de la oposición, como si fueran apestados; cuando aceptó a regañadientes la mano tendida de Gutiérrez para felicitarla por el nombramiento; cuando criticó que la justicia no dejara presentarse como candidato a un condenado por amenazar gravemente a una mujer; cuando, sin pudor alguno, aseguró que el ayuntamiento va a contratar a Vadillo para que salgan los proyectos adelante, como si ella y sus compañeros no sirvieran para nada… lamenté que Mari se haya convertido en Murillo.

Han sido muchos años a la sombra de su mentor, aprendiendo de sus malas artes, y esa escuela tal vez la haya cambiado para siempre. Ojalá, cuando ambos rompan políticamente, ella reconsidere su postura y vuelva a ser “la Mari”. Pero lo dudo mucho…

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Portada: Marisa Murillo y Francis Negrete, en un stand de Fehispor, promocionando el Festival Medieval

Foto 2: Francis Negrete, en una imagen de aquella misma época.