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Carta a Víctor Píriz

Por AURELIANO SÁINZ

Estimado Víctor:

Te escribo desde esta revista digital para darte las gracias por todo lo que estás haciendo por Alburquerque, pues, aunque no sea tu pueblo de nacimiento, estás demostrando un interés y un amor hacia esta tierra que para nada te diferencia de quienes hemos nacido y nos hemos criado a la sombra del Castillo de Luna.

Tiempo atrás, en uno de los artículos que regularmente envío a Azagala digital, manifestaba el valor que tenía el hecho de que hubieras presentado un recurso a la lista del partido en el que se incluía al que hoy es un ciudadano que se encuentra fuera de los cargos institucionales.

Y lo cierto que te dieron la razón, pues no tenía sentido que quien tenía una sentencia condenatoria en firme (aquí acudo a la ayuda de Emilio José Bueno en la oportuna aclaración que ha realizado recientemente) pudiera encabezar una candidatura en las elecciones municipales del 28 de mayo pasado.

Esto tienes que anotártelo como uno de tus grandes logros, a pesar de que haya gente que pueda pensar que quienes participan activamente en política se mueven por motivaciones espurias, que no tienen nada que ver con las ideas de justicia, libertad y equidad, pues se supone que los deseos y las tendencias más innobles mueven a quienes “desean alcanzar el poder”. Claro, que quienes piensan de este modo son incondicionales y serviles ante quien consideran que encarnan los ‘más excelsos principios’, siempre que estén en el gobierno y les sirvan a sus intereses particulares.

Como ya el exalcalde en una de sus brillantes intervenciones ‘te puso a caldo’, simplemente porque estás ejerciendo el cargo para el que has sido elegido con toda corrección, puedes darte cuenta del terreno plagado de ‘arenas movedizas’ por el que se transita en Alburquerque, siempre que uno desee acercarse a los dominios del Consistorio.

Posiblemente, esto ya lo conocieras por tus raíces alburquerqueñas. De todos modos, es necesario vivirlo en primera persona para darse uno cuenta del nivel de desquicie al que se ha llegado en este hermoso rincón de Extremadura.

Así, cuando hablo con los amigos que residen en el pueblo, personas nobles que no han renunciado a sus principios por los que siempre se han regido, me indican lo duro que es vivir diariamente al lado de gente que no te mira o te dirigen miradas poco amigables, simplemente porque no sigues los dictados de quien gobierna en la alcaldía. Y la verdad es que lo entiendo bien, dado que quienes tenemos muchos años encima ya hemos pasado por suficientes experiencias para saber lo que significan esas situaciones desagradables.

Por otro lado, compruebo que te has tomado con tranquilidad los improperios que el exalcalde te ha dirigido. Es lo mejor que puedes hacer, teniendo en cuenta de parte de quien proceden esos insultos, que, finalmente, se vuelven como un bumerán hacia el que los ha soltado.

Esto hace tiempo lo conocí, cuando formamos lo que inicialmente fue la Plataforma en Defensa del Castillo de Luna, convertida, posteriormente, en Adepa. Sería muy largo contarte la cantidad de mentiras, exabruptos, desatinos y necedades que podíamos estar escuchando; sin embargo, en ningún momento retrocedimos.

Quizás ya conozcas algunas de estas patrañas si has tenido la ocasión de seguir un tanto la trayectoria de la revista Azagala, que sirve como hemeroteca viva de la historia reciente de Alburquerque. Te cuento un par de ellas.

No salí de mi asombro cuando, en los inicios de las actividades de la Plataforma para que no se llevara adelante la hospedería en el Castillo, invitamos al historiador británico Edward Cooper, uno de los mayores conocedores de los castillos de España, especialmente los que colindan con las tierras portuguesas.

Pues bien, el primer edil no solo no quiso conocerlo cuando lo invitamos, sino que, tras la mesa redonda que se llevó a cabo en la Casa de la Cultura en la que participé con él, lo confundió con Héctor Cúper, que por entonces era el entrenador del Betis. Y para colmo, aseguró con toda firmeza que lo que deseaba Edward Cooper era que el castillo se viniera abajo para que se supiera lo que había debajo del mismo.

¡Qué vergüenza! ¡Esto lo decía quién era el alcalde de Alburquerque, un pueblo cargado de historia, sin que llegara a sonrojarse!

En lo que a mí respecta, que también fui víctima de sus invectivas, me daba igual que dijera que se “había rastreado mi currículum y que no se había encontrado nada”. ¡Imagínatelo investigando el currículum de un arquitecto! Lo que no podía admitir era que aludiera a mi padre; ahí sí que le dije con firmeza que parara.

Estas son algunas pinceladas que nos hacen ver que la regeneración de Alburquerque es un proceso lento, laborioso y muy duro, por lo que hay que armarse de mucho valor y fuerza para no sucumbir en el desánimo. Pero la historia es larga y no se para. Por suerte, a pesar de los obstáculos, el tiempo suele hacer justicia.

En relación con este horizonte de renovación, también tengo que darte las gracias por tu empeño en defender los derechos de un pueblo cuando podías haber entrado en cierto desaliento, al comprobar que la candidatura de tu partido no había tenido representación en las últimas elecciones municipales. Y, sin embargo, sigues adelante. Muestras coraje y convicción en tus principios.

Estoy convencido de que tú también eres parte de las esperanzas de renovación dentro de ese horizonte del que hablo, pues pones tu tiempo y tu formación en el campo de la economía para indagar la trayectoria del Ayuntamiento y que, con toda probabilidad, no haya salido a la luz porque se desea que permanezca oculta.

Tarea ardua y compleja. Pero que todos los que amamos Alburquerque te lo agradecemos, dado que en ocasiones se necesitan especialistas en materias determinadas para abordar cuestiones que quedan alejadas del saber de muchos de los vecinos.

Porque, ciertamente, hay que mirar hacia adelante, con la mano tendida, tal como propone Ipal; pero también es necesario conocer si han existido graves irregularidades, pues, en caso de que así fuera, no deberían ocultarse, dado que el futuro se construye con la limpieza del pasado.

Un gran abrazo desde Córdoba, y, si se diera la ocasión, sería un placer conocerte personalmente y charlar con toda tranquilidad.