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La deuda de Alburquerque

Por AURELIANO SÁINZ

Parecía el secreto mejor guardado del reino. Todos nos preguntábamos a cuánto ascendía la deuda acumulada por el Ayuntamiento de Alburquerque. La oposición preguntaba y preguntaba. Pero, claro, a la oposición “ni agua”, puesto que todo lo que hacía era para atacarle, ya que se había dado cuenta que el fin que ellos perseguían era destruirle a él y a su proyecto. A él, que precisamente estaba al tanto de lo que necesitaba el pueblo, el mismo que hacía malabarismos con las cuentas, el que sabía cómo manejar los fondos para que posteriormente se convirtieran en votos…

Desde la minoritaria bancada de la oposición se pedía transparencia. Se registraban preguntas y más preguntas. Se asistía pacientemente a los plenos con el fin de que se facilitara información sobre la marcha de todo lo que concernía al Consistorio… Pero no se enteraban de que estaban allí para que le escucharan y, después, asintieran; como debía de ser.

¿Acaso no veían cómo el pueblo avanzaba? ¿No se acordaban de los magníficos proyectos que él había imaginado y llevado adelante: Bicinatura, Joyasol, la Hospedería, el Paseo de Las Laderas, las numerosas viviendas que se construirían…?  Y no solamente eso, ¿es que acaso no leyeron las maravillas que anunciaba para la nueva legislatura que darían lugar a que Alburquerque fuera la envidia de los pueblos extremeños?

¿Qué de dónde iba a sacar dinero el Ayuntamiento para financiar tantos portentos convertidos en obras que deslumbrarían a toda Extremadura? Bueno, eso no era ningún problema. Él ya sabía manejarse por bancos y cajas de ahorros que, solícitos, le prestarían el dinero, sin que echaran ningún vistazo a la deuda que año a año se iba acumulando. Tenía padrinos que le protegían y un partido que miraba para otro lado sin ningún problema.

¿Y la deuda? ¿Qué deuda, dice usted? Eso eran maledicencias de Negrete y su revista, que estaban empeñados en difamarle sin parar. ¡Ah!, también de los de Adepa, pero de estos por ahora no le preocupaban, puesto que la hospedería finalmente se abrirá.

¿Los bancos y las cajas de ahorros? Bueno, con esos no había que preocuparse, pues, aunque parezca mentira, sorprendentemente eran muy generosos, dado que confiaban ciegamente en él y en sus proyectos. No hay más que ver cómo le concedían todos los préstamos que solicitaba.

Así, más o menos, caminaba el Consistorio y una buena parte de Alburquerque que le seguía como si fuera el Flautista de Hamelín, con la alegría que da no querer saber nada de préstamos ni de deudas, pues, tal como manifiesta un dicho popular, “Ojos que no ven, corazón que no siente”. Y aunque el precipicio estaba muy cerca, el pueblo seguía con la enorme venda que le impedía contemplar el abismo.

Puesto que, por fin, ya se ha destapado algo de esa venda, ahora sabemos que la deuda del Ayuntamiento de Alburquerque asciende a ¡7.138.000 euros!, una cifra mareante para una localidad que cuenta con 5.340 vecinos (según censo de 2018 del Instituto Nacional de Estadística).

También, ahora, muchos empiezan a darse cuenta que la generosidad de los bancos no es tal, puesto que ellos al igual que las cajas de ahorros no son entidades caritativas.

Y es que confundir un banco o una caja de ahorros con una ONG o un centro de caridad es un enorme error de bulto. Es no entender que ellos, dentro de la economía en la que nos movemos, responden a la lógica del mercado o a la estructura de la economía capitalista, sistema cuya formación se remonta a los siglos XV y XVI.

Para explicar esto, que lo entiende cualquiera que tenga dos dedos frente o haya ido a pedir un préstamo, vamos a dar una pequeña explicación apoyándonos en lo que señalan la mayor parte de los historiadores.

En aquellos dos siglos comienza a emerger un nuevo orden económico como resultado, en gran medida, de los intercambios comerciales que surgen a raíz de la finalización de las Cruzadas que se organizaron en Europa occidental desde el siglo XI hasta el XIII. Nació, de este modo, un sistema social en el que predominaban las relaciones comerciales o mercantiles, es decir, los intercambios de bienes sobre la producción de los mismos.

Esto lo entendieron muy bien en los Países Bajos (nombre con el que ahora conocemos a Holanda) y la región de Flandes (en la actualidad, dentro de Bélgica), territorios en los que el comercio y la relaciones mercantiles adquieren pujanza. Paso a paso, acaba la Edad Media, y con ella el feudalismo, emergiendo la Edad Moderna, que la acompaña el emergente capitalismo comercial, con las actividades bancarias propias del capitalismo financiero: letras de cambio, depósitos, préstamos, seguros, etc.

Como era de esperar, el arte y los pintores renacentistas de Flandes incluyen en sus trabajos escenas de la vida cotidiana de aquella época. Así, plasmaron en sus lienzos las imágenes de esos préstamos que empezaban a hacerse habituales en esta parte del centro-norte de Europa. No era de extrañar, pues, que los artistas de Flandes y los Países Bajos también pintaran a los prestamistas, o a las familias que vivían del préstamo, que eran los “banqueros” a los que acudía el pueblo llano. A los bancos, tal como los entendemos en la actualidad, se acercaban la naciente burguesía y los grandes empresarios para solicitar los préstamos.

A diferencia de los países del sur  de Europa, caso de España, cuyos pintores estaban centrados en temas religiosos, mitológicos o relacionados con la nobleza y el alto clero, en los del centro y norte de Europa se aproximan sin ningún problema a las escenas de los préstamos bancarios, puesto que sus cuadros eran adquiridos por esa burguesía naciente.

De este modo, tiene sentido que en la portada de este artículo aparezca el cuadro que lleva por título Los dos prestamistas, de Marinus van Reymerswaele, pintor flamenco nacido en 1493 y cuyo fallecimiento, de fecha imprecisa, se data en 1546. Con un alto nivel de realismo, nos muestra a dos personajes recaudadores con las vestimentas características de Flandes. Uno de ellos está contabilizando lo recaudado, mientras que el otro, con cierta carga de ironía o de sarcasmo, mira directamente al espectador, hecho un tanto sorprendente dentro del campo de la pintura.

De este mismo autor se encuentran distintos lienzos con escenas de prestamistas, uno de ellos, de 1539, se puede contemplar en el Museo del Prado. Sin embargo, aquí presento El banquero y su mujer, que realizó Quentin Massys (1466-1530), también pintor flamenco, puesto que había nacido en la rica ciudad de Lovaina, el mismo lugar en el que falleció a los 64 años.

Este pequeño cuadro, pintado en 1514, puede contemplarse en el Museo del Louvre de París. En la escena, podemos ver al cambista que está pesando las monedas, al tiempo que su mujer lo contempla, mientras sostiene un libro de devoción entre sus manos. Este detalle nos manifiesta que por el entorno de Flandes no había problema de dedicarse a las incipientes actividades bancarias al tiempo que pertenecer a una familia piadosa. Por otro lado, abajo muestro un plano detalle del cuadro en el que se ve la mano del banquero o prestamista cogiendo una moneda para pesarla.

Para comprender bien este significado moral de este cuadro, hemos de tener en cuenta que dentro de la Iglesia católica se solía relacionar a los préstamos con la usura y el enriquecimiento como algo moralmente ilícito o, al menos, de dudosa honestidad (recordemos la parábola del pobre, el rico, el camello y la aguja).

Sin embargo, la llegada de la Reforma protestante no solo conduce a una ruptura con la Iglesia católica sino que introduce unas nuevas formas de moralidad. Recordemos que el inicio de este conflicto se suele situar en el 31 de octubre de 1517 en Alemania, cuando el monje agustino Martín Lutero cuelga sus noventa y cinco tesis en la iglesia del Palacio de Wittenberg en contra de la venta de las bulas o indulgencias que propugnaba el Papa León X. A Martín Lutero le seguirían otros reformadores, como Juan Calvino y Ulrico Zuinglio en Suiza.

Y si hablo de la Reforma protestante, a la que le siguió la Contrarreforma católica, se debe a que en las iglesias protestantes se suprimían algunos sacramentos, caso de la confesión, puesto que entendían que era la propia conciencia del creyente la que debía enjuiciar moralmente sus actos ante la mirada de Dios. Con ello nace la idea de predestinación, y un modo de saber si uno estaba predestinado a la salvación eterna era comprobando sus éxitos en la vida, fundamentalmente a través del propio trabajo.

Con ello, no se condenaba la ganancia, ni la obtención de riquezas por medio de las actividades bancarias nacientes, lo que moralmente supuso un enorme impulso para el naciente capitalismo. Esto queda bien explicado en la obra La ética protestante y el espíritu del capitalismo del sociólogo alemán Max Weber.

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Pero no nos alejemos tanto y volvamos al punto de partida. Han transcurrido nada menos que cinco siglos de la formación de los primeros bancos, con lo que conllevaba de transacciones económicas, por lo que es de suponer que a estas alturas todo el mundo sabe lo que es un préstamo o una hipoteca y lo que conllevan.

Así pues, a nadie se le puede escapar que Alburquerque se encuentra atrapado en una enorme deuda y eso tiene unos responsables. No valen excusas posibles. Es necesario, pues, que quien gobernó el Consistorio y quienes permitieron ese tremendo endeudamiento den explicaciones a los vecinos, pues, a fin de cuentas, esa pesada losa recae en forma de estancamiento en el desarrollo y en el futuro de la localidad.

Y, también, la nueva Corporación municipal deberá responder a algunas preguntas del tipo: ¿Cómo piensa reducir esa gran deuda que atenaza a Alburquerque? ¿Pondrá a disposición de la oposición, o de quien esté autorizado, la documentación que explique los movimientos económicos que se han dado en los últimos lustros? ¿Empezaremos a ver información y transparencia en la gestión municipal? Y por último, ¿acabaremos de una vez por todas con ese mundo de mentiras, engaños, ocultamientos, acusaciones, difamaciones y caudillismo, para que se camine con la confianza de que es posible ver un horizonte de progreso y mejoras, concretándose en un pueblo en el que reine la concordia?