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No hay proyecto

Por AURELIANO SÁINZ

Recientemente estuve en Montilla invitado por la Corporación municipal a la concesión del premio anual que entrega a la persona relevante del año, debido a que en este 2019 se había nombrado a una historiadora, antigua alumna mía a la que tengo un gran aprecio.

El homenaje se celebraba en el castillo de esta localidad, lugar en el que nació Gonzalo Fernández de Córdoba, apodado el Gran Capitán. Allí estuve con Rafael Llamas, actual alcalde socialista, puesto que es arquitecto y, por tanto, compañero de profesión. Antes de que comenzara el evento, me estuvo enseñando la magnífica reforma que se había realizado en el recinto y que había sido aprobada por toda la Corporación Municipal.

Sobre el alcalde de Montilla, al que conozco desde hace bastante tiempo, tendría que apuntar que es una persona cordial, educada y con una sólida formación, por lo que se hace posible establecer una charla amena, dado que, aparte de las anécdotas que nos pudiéramos contar, llegó a explicarme con todo detalle la historia del castillo, del que únicamente se conserva en buen estado la iglesia, junto con las intervenciones que se habían realizado con el fin de recuperar para la localidad una parte relevante de su historia.

Rafael Llamas conocía Alburquerque, ya que había estado en nuestro pueblo tiempo atrás. Por mi parte, no entré a narrarle la lamentable historia de la hospedería que se quería construir en la mejor fortaleza medieval de Extremadura, dado que, en el fondo, uno se avergüenza de la trayectoria de quien ha regido el destino del pueblo en estos últimos años.

Si he comenzado este escrito por un evento ajeno a nuestra tierra es para expresar que lo vivido en nuestro pueblo resulta ser verdaderamente insólito. ¿Cómo es posible que en otra localidad uno sea acogido con educación y respeto, al tiempo que se me informa detalladamente de las actuaciones que se han llevado a cabo en una parte importante de su patrimonio histórico y, sin embargo, en mi propio pueblo, siendo arquitecto y habiéndose solicitado por Adepa consultar la documentación de las intervenciones en el paseo de Las Laderas, no tenga acceso al proyecto?

Esto solo es posible entenderlo si se ha asimilado plenamente que durante años en Alburquerque ha regido el principio del despotismo: “Quien no está conmigo está contra mí”.

Como muchos hemos comprendido que esta “ley no escrita” sobrevuela amenazante en el municipio, uno se arma de paciencia entendiendo que se encuentra del lado de los proscritos, es decir, de los “enemigos” de quien se siente (¿o se sentía?) todopoderoso en “su trono” del Consistorio.

Esta es la razón por la que para los miembros de Adepa ha sido una pesquisa detectivesca averiguar dónde podía consultarse la documentación del proyecto de la reforma del paseo de Las Laderas, pues, tal como expuse en un artículo anterior (“¿Dónde está el proyecto?”), acudimos infructuosamente varias veces al Ayuntamiento de Alburquerque. También nos acercamos a la Diputación en Badajoz y nos recorrimos las distintas secciones de la Consejería de Medio Ambiente y Rural, Políticas Agrarias y Territorio de la Junta de Extremadura, ubicadas en Mérida para poder consultarlo.

Finalmente, logramos saber el organismo en el que se encontraba la documentación: en la Comisión de Patrimonio, que se reúne habitualmente en Badajoz. Allí se presentó en el mes de marzo una sencilla memoria valorada; que no un proyecto de reforma del paseo de Las Laderas, puesto que un proyecto implicaría presentar la memoria, junto a los planos detallados de todas las intervenciones y descritos de manera precisa, junto con las mediciones o presupuestos de todas las partidas.

Ahora comprendemos que cuando fuimos a la Oficina de obras del Ayuntamiento de Alburquerque nos indicaban que allí no había tal proyecto. ¡Y tenían razón!, puesto que fueron unas cuantas páginas las que se presentaron en la Comisión de Patrimonio.

De todos modos, quisiera indicar que la Comisión de Patrimonio, una vez reunida en marzo, rechazó esa memoria acerca del paseo de Las Laderas, ya que, por un lado, el paseo se encuentra en el entorno de un Bien de Interés Cultural como es el Castillo de Luna y, por otro lado, tal como se nos indicó, transformaba un paseo que se encuentra dentro de un entorno natural en una propuesta con un tratamiento muy urbano.

Pavimentar suponía, pues, un cambio radical, por lo que en el informe de la Comisión de Patrimonio se sugería, para que se mantuviera ese carácter de paseo en un entorno natural, que el adoquinado portugués del que se hablaba en la memoria pudiera ser sustituido por piezas sólidas de granito con cierta separación entre ellas, para que creciera la hierba con el fin de que se mantuviera el carácter de paseo que tenía hasta ahora.

Por otro lado, en la memoria valorada remitida por el Ayuntamiento de Alburquerque en ningún sitio se indicaba que se derribarían los eucaliptos que a lo largo del paseo existían desde hace generaciones desde que se plantaron. De lo único que se hablaba era de que a nivel del suelo se plantarían nuevos árboles; pero de manera explícita no se decía que para ello hubiera que derribar los existentes.

Una vez que, tras muchos días de indagaciones por parte de Adepa, hemos llegado a saber que no existe ningún proyecto de reforma del paseo de Las Laderas, inevitablemente a uno le surgen un conjunto de interrogantes:

¿Por qué no se elaboró un proyecto del que todo el pueblo tuviera información, al tiempo que, dada su envergadura, se desarrollara en el transcurso del tiempo y pusiera en valor uno de los entornos más bellos de Alburquerque?

¿Por qué no se ha dado acceso en el Ayuntamiento al arquitecto de Adepa para que pudiera consultar la documentación y conocer el organismo al que se había presentado?

¿Por qué, tras la negación de la Comisión de Patrimonio a aceptar la memoria valorada, se ha seguido adelante con el derribo de los eucaliptos e iniciando los ensayos absurdos con pizarras y adoquinado portugués, ya que explícitamente la Comisión los había rechazado?

¿Por qué, además, ese desprecio a la memoria emocional de varias generaciones, ya que el paseo de Las Laderas forma parte de sus sentidas e inolvidables historias personales?

Por último, ¿cuándo acabará el esperpento que un individuo ha sido capaz de generar en Alburquerque y que, para colmo de despropósitos, ahora presiona para que la nueva Corporación municipal le nombre, ¡nada menos, que “alcalde honorario”!?