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El restaurante Encina Blanca de Alburquerque será un templo culinario de Badajoz

Decía el prestigioso columnista, el polifacético, Fernando Valbuena, que igual escribe con su veterana sapiencia de política que de toros o de gastronomía, que José Rivero ha puesto una pica, no en Flandes, sino en la Plaza de Alfereces de Badajoz, un lugar céntrico, con mucho ambiente, por donde suele moverse gente de buen poder adquisitivo. Allí inauguró el pasado día 29 su flamante restaurante, donde hace honores al pueblo que lleva siempre por bandera, de ahí que en hermosas letras figure el nombre, Encina Blanca de Alburquerque, presidiendo una atractiva fachada que invita a entrar en el establecimiento.

Ayer estuvimos allí unos cuantos amigos y miembros del Consejo de Redacción de AZAGALA y la experiencia gastronómica la recordaremos siempre. El restaurante estuvo prácticamente lleno durante las tres horas que pasamos allí. Y lo que comimos nos supo a gloria, porque lo que bebimos, el tinto Encina Blanca, ya lo conocemos de sobra, y es una delicia, tanto como el blanco.

La carta es tan amplia, tan sugerente, suena tan bien, que tardamos 15 minutos en decidirnos. Para empezar, los ibéricos son de Maldonado, solo jamón y lomo de bellota, y al empezar a leer los entrantes nos topamos con un takaki de lomo de cerdo ibérico de bellota con manzana y pistacho, y después varios carpaccios: de balalao con aguacate y gel de cítricos, de solomillo de venado marinado con crema de foie y trufa, y de salmón marinado en ginebra y eneldo con mango y encurtidos. 8 euros las generosas medias raciones y entre 14 y 16 las raciones. Luego hay diversas ensaladas originales y más adelante, una sección llamada “para picar”, donde uno ya se pierde. Probamos unas anchoas del Cantábrico con crema de tomate, queso y albahaca que nos supo a gloria y nos dejó en el paladar un sabor excelso.

Para quienes gustamos de las cucharas: tres tipos de arroces (risotto de setas y foie, arroz meloso de carrilleras de ternera y ajos tiernos, y negro de chipirones con alioli de manzana). También fabes con perdiz y, como homenaje a Alburquerque, garbanzos con buche (10 euros).

En cuanto a los pescados: tartar de salmón con chips y huevo; aún rojo con verduritas al aroma de canela y soja y un lomo de bacalao a la brasa con salsa de setas y estragón (no encontramos palabras para describir su sabor único). Y las carnes, madre mía las carnes: nuestro presidente culinario, curtido en mil restaurantes afamados, comió un solomillo de retinto a la brasa con mousse de pimientos ahumados y mostaza, el cual le llegó tan dentro del alma que no contó ninguna anécdota durante los 15 minutos que se estuvo deleitando con la experiencia. Y eso nunca lo habíamos visto en Vicente “Pereira”.  Es más, en cuanto acabó la comida reservó para comer el próximo puente con una peña de amigos y familiares en el restaurante Encina Blanca de Alburquerque”.

Los postres, exquisitos, especialmente las torrijas de pan brioche con sopa de chocolate blanco y turrón (impresionante) y el coulant de chocolate con tierra de cacao y mandarina.

Conocimos al reputado hacedor de platos”, Alberto Domínguez, que ya en 2005 fue calificado como el chef más prometedor del Bierzo. Formado con Subijana, ha sido cocinero chef en templos como Aldebarán, Lugaris, hotel Confortel o El Paso del Agua. Y, por cierto, muy agradable el camarero portugués, de Estremoz, que nos atendió.

En definitiva, sobresaliente, magia pura, un lugar para embelesarse con la comida. Rivero triunfará en Badajoz. Lo merece, porque no ha escatimado en detalles. El lugar es, además, encantador.

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FOTO DE PORTADA: Vicente Martín y su esposa María Luisa Pocostales, ambos colaboradores de AZAGALA; Eugenio López, presidente del Colectivo Cultural Tres Castillo, y su esposa Elisa Cabrea, miembro del Consejo de Redacción, y Elísabeth García, esposa de Francisco José Negrete, director de la revista. Ayer, en el restaurante Encina Blanca en Badajoz.

FOTO 2: Anchoas del Cantábrico.

FOTO 3: Solomillo de retinto.

FOTO 4. Coulant de chocolate.