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Incredulidad vecinal e indignación de los emigrantes ante el nuevo impuesto de la basura

EDITORIAL

La decisión de Ángel Vadillo de convertir en ciudadanos de segunda a aquellos alburquerqueños que viven fuera del pueblo, pero que dejan importantes sumas de dinero cuando vienen, sea en el verano, o en fiestas, puentes, etc., han llenado de indignación a muchos de ellos. Nosotros hemos recibido varias cartas de repulsa y en las redes sociales se han manifestado unos cuantos de emigrantes, algunos de los cuales hablan incluso de que la postura del alcalde de que sean los únicos que tengan que pagar el impuesto de la basura no es legal, e incluso una mujer ya ha contactado con su abogado.

Pero los vecinos de Alburquerque tampoco están convencidos de que el estar empadronados aquí les vaya a librar de abonar esa tasa. Excepto aquellos que se creen todo lo que dice Vadillo, a pesar de la innumerable cantidad de veces que les ha engañado, los alburquerqueños en general piensan que el alcalde está ganando tiempo hasta las elecciones, pero después tendrán que pagar la basura, y seguramente con recargo.

El despropósito es tal que, según nuestro alcalde, hay que pasarse obligatoriamente por el ayuntamiento y sacar un certificado de empadronamiento, como si no tuvieran allí ya el censo de población, tras lo cual te rellenarán la documentación para, después, encargarse el consistorio de pagar el impuesto reclamado por la Diputación, a través del OAR, organismo al que ha sido el propio ayuntamiento el que le ha cedido el cobro de este servicio. Esto quiere decir que quien no se pase por las oficinas de la casa grande tendrá que pagar la basura, aunque esté aquí empadronado. O sea, que las más de 2.000 personas que están recibiendo cartas para el pago del impuesto tienen que dejarse ver en el ayuntamiento, como si Vadillo les estuviera haciendo el favor de pagarles la basura. Encima quiere sacar rendimiento electoral de una medida vergonzosa que divide a los alburquerqueños entre empadronados y no empadronados, al igual que lleva años dividiendo a los vecinos en buenos o malos según sean seguidores suyos o no.

Pero el esperpento no queda aquí: las notificaciones del OAR están llegando a personas que llevan fallecidas varios años, y a vecinos que no tienen las propiedades que se les indica, sino que pertenecen a otros familiares, o sea que no sabemos qué datos habrá remitido el consistorio a la Diputación, lo que hace sospechar que Vadillo quiere ganar tiempo en reclamaciones para que pase el mes de mayo y entonces, como seguro ocurrirá, todos tengamos que pagar la basura. Algo que sería injusto porque dejaríamos de beneficiarnos de tierras comunales por la ruinosa gestión de este alcalde, pero aun así sería más justo que el hecho de que unos paguen y otros no, ya sea porque acudan a las oficinas del ayuntamiento a dar las gracias a Ángel Vadillo por librarles de otro impuesto, o por estar empadronados o no en Alburquerque. A esto último habría que responderle con aquello de “aquí cabemos todos o no cabe ni Dios”.

El caso es que, como decimos, el despropósito de la decisión de nuestro alcalde va a traer cola, y esta semana se seguirá hablando mucho de ello. Por lo pronto, Ipal ha anunciado una comparecencia en la que, asegura este grupo, van a poner las cartas boca arriba y aclarar el asunto con mucha información y datos al respecto.

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FOTO DE PORTADA: Montaje de Juan Ángel Santos con la estatua de homenaje a los emigrantes a quienes ahora se les trata como ciudadanos de segunda clase.