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El petitorio, ayer y hoy

Hoy se celebra el tradicional Petitorio y por ello hemos recogido lo que tiene escrito el historiador alburquerqueño Eugenio López Cano, presidente del Colectivo Cultural Tres Castillos, editor de la revista AZAGALA:

“Según don Francisco Tejada Vizuete, don Alonso de Cuéllar, mayordomo en el año 1675 y siguientes, fue quien llevó a cabo los primeros petitorios, coincidiendo con las obras de reedificación de la ermita de Carrión, destruida con motivo de las guerras con Portugal en el siglo XVII.

La explosión de júbilo que se vivía en este día durante la década de los 50 y 60 no tiene ni punto de comparación con lo que ahora conocemos. Entonces hasta en las casas se percibía el pálpito agradable de la visita anunciada. Había una cierta correlación de mágicos sentimientos entre los moradores y la voz que surgía, clara y fuerte, desde la resonancia del zaguán hasta el último rincón de la vivienda: “¡Ave María…!”. “La Virgen de Carrión”.

Antes, desde bien temprano, los jóvenes en pandilla recorrían las calles en sana y singular competencia, pidiendo de casa en casa, como lo hacían con el aguinaldo en Navidad, pero esta vez con las bolsas azul celeste de la Virgen para guardar el dinero y las medidas roja y gualda –cintas con la imagen de la Patrona- anudadas al cuello. Las autoridades se reservaban las mejores calles, haciéndose escoltar por el alguacil y el ermitaño, quienes transportaban los estandartes del ayuntamiento y la Hermandad. Y por último, el estampido de los cohetes precediendo el cortejo, los alegres compases de la Banda Municipal de Música y el enjaezado burrito, admirablemente dócil, con sus alforjas repletas de regalos.

En este día era costumbre que en casa del Mayordomo hubiera una mesa con bebidas y aperitivos, para invitar a socios y amistades.

Hoy todo es distinto. A las 8,30 de la mañana, aproximadamente, después de distribuir a los devotos –niños y jóvenes sobre todo- por los distintos barrios, los sacerdotes, el Mayordomo y algunos miembros de la Junta Directiva, abanderado por el ermitaño que porta el estandarte de la Patrona, inician la carrera desde la iglesia de San Mateo, llamando de casa en casa a la voz de “una limosnita para la Virgen de Carrión”.

En ese día cada vecino entrega lo que puede: frutas, platos de dulces, dinero… Hay personas que aprovechan para regalar a la Virgen trabajos de artesanía –muchas veces por promesas- tales como objetos decorativos, colchas, paños… o simplemente macetas que cuidan con primor a lo largo del año. En tiempos cercanos, cuando el campo se trabajaba a diario, había familias pudientes que donaban borregos, sacos de trigo, aceite, etc.

Concluido el petitorio, se inicia por la noche a la subasta por puja de los objetos donados, extendiéndose la misma hasta altas horas de la madrugada. No hace mucho, la subasta tenía lugar nada más acabar la carrera –sobre las tres de la tarde aproximadamente- y duraba hasta la siete o la ocho de la tarde.

Aunque la entrada es libre, las personas que normalmente asisten, exceptuando algunos curiosos, son aquellos que van a pujar a la subasta.

Antiguamente, tenía lugar en el salón de sesiones del ayuntamiento, después pasó al Chaleco, la Pista y, desde hace años, se celebra en el salón principal del hotel Machaco.

Los ingresos procedentes del petitorio y la subasta pasan a engrosar los fondos de la Hermandad y se destinan a sufragar los múltiples gastos que se originan en el santuario.

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TEXTO: Eugenio López Cano.

FOTO 1: Petitorio hace unos años./ ARCHIVO AZAGALA

FOTO 2: Petitorio del año 1957. Cedida por ELÍAS CORTÉS