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Alburquerqueños que utilizan el orinal y el poder en la relación de pareja

Ahora que estamos terminando con una nueva edición multitudinaria del Festival Medieval, vamos a referirnos a un elemento del hogar que se empezó a utilizar entonces y todavía hoy se usa, el orinal. En el Medievo, acostumbraban a tirar por la ventana la orina acumulada durante toda la noche en dicho recipiente y se corría el riesgo de ser bañado al pasar por debajo.

En tono de humor, reproducimos un reportaje que publicamos hace unos años en la edición impresa de AZAGALA en el que investigamos sobre el uso del mismo en Alburquerque, con una curiosa teoría sobre su influencia en la relación de pareja.

 

“Rastreando en internet a propósito de las escupideras, encontramos que el basín es la modalidad más antigua de ese objeto que servía para almacenar los orines nocturnos, en los tiempos en los que no había baño. También conocido como orinal, se utilizó en los momentos en que las camas eran bastante altas, lo suficiente como para necesitar un taburete para subir a ellas. El basín se colocaba en un hueco excavado en la pared, a la altura de la cama, y de allí se cogía cuando se necesitaba. Con el desarrollo en el modelo de las camas, los basines acabaron por ocupar el hueco creado entre las patas.

En la red hemos encontrado una pregunta curiosa: ¿hay alguien que use el orinal por las noches y lo coloque debajo de la cama?

Uno responde que “en los tiempos que corren, conozco a un tipo de cuarenta años que lo usa.  Y tié los cojones de decirlo en público, ja ja ja”. Otro comenta: “Me dan ganas de ir a su casa y verlo por mí misma, pero alguien que ha ido me ha confirmado que es cierto… de verdad. Qué fuerte. Y es que tiene el baño en el piso de abajo y en invierno le da pereza levantarse”. Un tercero señala: “Parece que hay gente que se ofende con esta pregunta, pero yo recuerdo que mi bisabuela usaba una debajo de la cama. Eran costumbres del siglo pasado o antepasado”. Otro navegante asegura que es algo habitual en muchos hoteles de categoría media en los países del Este y en Rusia. Finalmente, una quinta persona señala: “para todos aquellos que no se acuerdan o que no saben que esta historia del orinal debajo de la cama no es tan lejana, preguntad a alguien de vuestra familia, fijo que lo usaban. Ya sé que vivimos en la era moderna, pero la verdad hasta hace bien poco cagábamos en el corral”.

Hay un apartado para los sinónimos de esta palabra y nombran perico, tito, don Pedro, don Diego o bacinillo.

Pero, la verdad es que todos los que hablan en ese foro de internet parecen gentes que no conocen la realidad de los núcleos rurales, porque a nosotros nos parece que no es tan extraño utilizar hoy en día la escupidera, a la que nosotros también llamamos mico o mica, y esas acepciones no las conocen los urbanitas.

Por lo pronto, conocemos alburquerqueños que son ultra defensores de las micas y siempre las tiene debajo de la cama para orinar por la noche. Otras personas la repudian completamente, sobre todo las mujeres, que parecen más pulcras siempre.

Un alburquerqueño, cuyo nombre nos reservamos, tiene una teoría sobre el poder en una relación de pareja y tener o no una mica bajo la cama. Parte de la idea de que casi todos los hombres quisiéramos tenerla y casi ninguna mujer lo acepta. Por tanto, aquel que prescinde de la escupidera por exigencias de la mujer tiene perdido el poder en la relación, o sea, es “víctima de la carpanta”, como él mismo señala.

Un día de esos en que las cañas de mediodía se prolongan hasta las 5 de la tarde, unos cuantos amigos, entre los que se encontraba este defensor a ultranza de los micos, tuvieron un intenso e interesante debate en el bar Castillo. Con unas cuantas copas de más, casi todos se sinceraron y, aunque algunos decían que tener la mica bajo la cama era una “guarrería”, y otros reconocieron que disfrutaron de escupidera hasta que se casaron, después la mujer… ya se sabe, curiosamente, casi la mitad de los que estaban allí tomando copas coincidieron en que, efectivamente, tenían mica bajo la cama.

Este es un tema que me resulta curioso, por eso hemos preguntado a amigos y conocidos y sabemos más o menos quien usa y quien no el mico por la noche. Algunos sabemos que mienten y nos dicen que no lo utilizan por vergüenza de reconocer que lo tienen debajo de la cama, otros para que no piensen que han cedido ante su pareja, pero otros muchos nos dicen la verdad y, ciertamente, el porcentaje de los que la usan va decayendo progresivamente. De esta manera, creemos que, dentro de pocos años, la mica sólo quedará para que los niños pequeños la utilicen para aprender a controlar los esfínteres.

Luego hay casos extraordinarios, como el de otro alburquerqueño, radical defensor de las micas, aunque en una época la abandonó por exigencias de su pareja. Pues bien, como decía, éste es tan acérrimo del cacharro debajo de la cama que cierta vez, estando en un hotel en Madrid, en el que, por supuesto, no había mico, compró una botella de dos litros de Coca-Cola, la cortó a la mitad con una navaja, y la parte de abajo le sirvió de escupidera donde orinó a medianoche.

También podríamos hacer diferencias entre las formas de colocarse para mear en la mica. Unos dicen que se ponen de rodillas en la cama y en esa posición, con el trasto en las manos, orinan; otros aseguran que se sientan en la cama y así mean y otros, menos descarados, se ponen de pie en la alfombra con el mico en la mano y ya está.

El alburquerqueño creador de la teoría del poder en la relación, asegura que como un hombre ceda ante la mujer y abandone el mico al casarse, está perdido. Él es firme defensor de crear una plataforma pro- micos.

Y usted, ¿usa mica?”

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FOTO 1: Imagen de un orinal en tiempos antiguos.

FOTO 2: Orinales para coleccionistas.

FOTO 3: Niños haciendo sus necesidades en orinales.

FOTO 4: Las micas todavía se venden, como vemos en esta imagen, aunque sea para exponerla como objetos antiguos de uso en el hogar.