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El secreto de José M” Traiter Trías (“El Lagarto”), un misterioso catalán cuya vida cambió en Alburquerque

Hace unos años, en una de las comidas que celebra la peña de alburquerqueños residentes en Cáceres, a la que nos hemos sumado otros que vivimos en Badajoz y Alburquerque, Juan José Viola habló de José María Traiter Trías, un catalán que estuvo destinado varios años en nuestra localidad como Jefe de Correos y Telégrafos.

Viola estaba recopilando datos acerca de la vida de este singular personaje y me pidió que contactara con algunos de los amigos que tuvo en Alburquerque, como Paco Mozo, Rolán o Vicente Calderón. Este último nos facilitó la fotografía que reproducimos y Mozo aportó bastante información sobre Traiter.

Nuestro hombre nació en Olot, un pueblo de Gerona, donde empezó a trabajar como cartero y termino siendo técnico. Era comentarista de Radio Olot, en concreto en un programa sobre religiones, tema que dominaba a la perfección y con el que obtuvo algunos premios.

Fue destinado a Alburquerque al puesto de Jefe de Correos y allí trabó amistad con su compañero Francisco Mozo Berrocal. En aquella época se trabajaba mañana y tarde y, con el fin de que José María Traiter pudiera ir al Casino a jugar la partida, Paco se quedaba en la oficina, pues era el único que sabía Morse.

Cuando llegó a nuestro pueblo ni fumaba ni bebía, pero se integró en una pandilla de personas muy animosas, como don Daniel el médico o José María Domínguez “Pajares”, quien le puso el mote de “Lagarto”. Entonces, además de aficionarse al dominó, también bebía sus buenas copitas de vino y se convirtió en un fumador empedernido.

Paco Mozo comentaba a AZAGALA que era una buena persona, muy listo y culto, bondadoso como el que más, y más bien feo, pero asegura que daba gusto estar con él y las mujeres se lo rifaban. Se enamoró platónicamente de una chica muy alegre y simpática que peinaba a las mujeres a domicilio, pero, según nos decía Viola, nunca llegó a declararse y lo pasaba mal porque no se atrevía a hacerlo, entre otras cosas porque temía la reacción de sus padres.

“Era un intelectual, muy por encima de nosotros en aquel tiempo. No era feo, sino con aspecto raro; parecía un inglés, como el duque de Edimburgo”, señala Juancho Viola, y añade: “las cuarentonas de entonces estaban locas por él, pero el Lagarto estaba enamorado perdidamente de una chiquilla de unos 17 o 18 años”.

Traiter sabía mucho de exorcismos, e incluso dio charlas sobre el tema en Olot. En Alburquerque, se enteró de que el párroco D. Miguel Rico tenía un excelente libro sobre el tema y, ante la mediación de Viola logró que se lo prestase, a pesar de que el popular sacerdote no se lo dejaba a nadie; es más, la mayoría de la gente no sabía que don Miguel poseía esta obra. Como tampoco supieron nunca, ni siquiera sus amigos más íntimos, que antes de llegar a Alburquerque José María Traiter había ganado un importante premio literario en Cataluña por una novela que escribió.

No sabemos por qué no habló del asunto, pero el caso es que incluso viviendo en nuestro pueblo escribió el borrador de otra novela, cuyo manuscrito dejó leer a Viola. Al final de la trama había un exorcismo y, tal vez por ello, se interesó tanto por el libro que poseía don Miguel. La obra tenía una gran calidad literaria, asegura Juancho Viola, quien de los asuntos de letras sabe un rato; no en vano, él también es muy hábil con la pluma.

Con quien tuvo una relación en principio complicada fue con otro cura, don Salvador. Traiter le sacaba de quicio porque sabía mucho más de temas religiosos que el sacerdote y porque, en las homilías de los domingos, cuando don Salvador empezaba a predicar, el Jefe de Correos abandonada la iglesia y salía a la puerta a fumarse un cigarrillo. Después entraba y recorría todo el pasillo para sentarse en las primeras filas. Este gesto traía al sacerdote por la calle de la amargura. Y fue precisamente a causa de este famoso cura, fundador de la cooperativa de corte y confección de Alburquerque, por lo que José María recibió el apodo de el Lagarto. Resulta que Traiter le decía a don Salvador en su cara, pronunciando muy bien las palabras: “Te conozco; eres un lagarto”. Siempre se lo decía y, por ello, al final, Pajares, que fue quien le introdujo en el mundo del vino y del buen comer, le puso al propio José María lo de “lagarto”.

De Alburquerque marchó a Madrid y un par de veces se vio con Paco Mozo, en una de las cuales comieron juntos y recordaron los viejos tiempos en nuestra villa. José María Traiter estaba muy envejecido y a punto de jubilarse. Mozo cree que terminó de Jefe Provincial en Gerona.

Aunque Viola ha tratado de conocer su destino final y si falleció o no, los intentos han sido vanos, pero parece ser que acabó regresando a su pueblo, Olot.

A juzgar por lo que sabemos de él, su vida debió ser apasionante, con secretos que no desveló o lo hizo a escasas personas. Es más, cuando leyeron este artículo en la revista impresa, algunos de sus mejores amigos desconocían totalmente que fuera escritor y que le gustara el tema de los exorcismos.

 

FOTO
Eduardo Muñoz, Paco “Rolán”, Juan Toledano, Vicente Calderón, José María Traiter (rubio, sentado)