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¿SE PUEDE? HASTA EL CORRAL (Séptima entrega)

By RAMIRO

Querido nieto. Desconociendo la razón, debo confesarte que de un tiempo a esta parte evoco más que nunca a quien fuera mi anhelada mujer, tu abuela; ya ves, yo que jamás fui blandengue ni mucho menos romántico, recordando día sí y otro también su sencillez, su dulzura, su modo tierno de comunicarse conmigo, sus caricias en los momentos que más las necesitaba, incluso el cosquilleo de su fina piel dorada que tanto me trasmitía. La recuerdo y le canto mis respetos a ella y al resto de mujeres ¡Hoy vas a descubrir que el mundo es solo para ti, que nadie puede hacerte daño (bis). Hoy vas a comprender que el miedo se puede romper con un solo portazo, hoy vas a hacer reír porque tus ojos se han cansado de ser llanto, de ser llanto! La gran Bebe, extremeña de adopción. Evocaciones a las que a veces abrazo con todas mis fuerzas; otras, las aborrezco con toda mi soberbia, pero que siempre despiertan mi conciencia para descubrir lo que soy: un hombre mayor, anciano, con suerte un longevo o como quieras llamarle, anclado entre el pasado y el presente, sin visión de futuro, y teniendo como único regocijo que tú, mi único nieto, se dispone a celebrar el Medieval de Puerto de Albahacar. Y mientras tú bebes cual descosío, y te presentas como esta mañana, yo me consuelo cantando aquello de ¡Si alguna vez fui un ave de paso, lo olvidé para anidar hoy en tus brazos. Si alguna vez fui bello y fui bueno, fue enredado en tu cuello y tus senos. Si alguna vez fui sabio en amores, lo aprendí de tus labios cantores! Grande entre los grandes, Joan Manuel Serrat. ¡Qué ciertas son dos cosas: una, qué mala consejera es la soledad; y otra, no hay nada más triste en esta vida que una cama vacía! Pero tú dime a mí antes de irte tan bien vestido con esas mayas negras, esa túnica color púrpura con vivos plateados, y esa capa color marfil que parecieses el testaferro del mismísimo Don Alfonso Téllez, de quien se dice que fue nuestro fundador, ¿qué adelanto yo con rumiar si aquí falta esto o lo otro, si retrocedemos económica o socialmente, o las dos a la vez, si sobra estancamiento o si el resultado de todo ello es decadencia? ¡Anda y que le den! Llegará, más pronto que tarde, el arrepentimiento por lo votado en tantas ocasiones y que ya no tiene remedio. Odio los pesebres, requieren agradecimiento de por vida. En una ocasión ya te lo dije, fui más feliz en el campo, con tu abuela, tu padre que allí nació, los animales, las tierras, faenando de sol a sol, que aquí, donde se apoderan de mí los recuerdos, el pasado se vuelve losa, y añoro a mi padre, tu bisabuelo. Y hablando de vacíos, cuidarse debe el equipo ipalense con esos apoyos rumbosos a la nueva gerifalte, no sea que se congracien en actitud y pierdan lo ganado por traición a sus votantes, entre los cuales me encuentro. Y si de algo puedo presumir, aparte de constancia como demuestran mis entregas, es de haber sido un hombre de palabra toda mi vida. Cuando me quedé solo pesaba una gran carga sobre la finca, y hasta que no vi pagado el último duro no descansamos, ni tu abuela, una gran administradora, ni yo. Por eso, a mí tampoco me ha gustado; no es plato de gusto que buscando el cambio, la regeneración, una nueva oportunidad, prestemos nuestro beneplácito a la formación rival sólo para que vean que vamos de clementes, pues como dice la canción ¡Trae buenas intenciones, que pronto se quean en ná. Será que se le olvidaron, tendrá endeble la memoria o nunca fueron verdad! Grande también Miguel Poveda, por tangos. Por muy engalanado y bello que hoy pueda estar, ¡qué diferente la vida aquí, entre estas cuatro paredes, a cuando vivíamos en el campo! Aquellos atardeceres cuando los animales se acercaban al cortijo y tu abuela y yo comenzábamos a jugar a “¿Cuál será?”, según sonara una esquila, un campano o un cencerro teníamos que adivinar si era cabra, bestia o vaca, para acto seguido aventurarnos a decir su nombre: Heidi, Flor de Lis… Bailaor, Tuna… Berrenda, Castreña… ¡Qué recuerdos! No aquí que sales a la calle y, salvo chinchorreos a media voz, sólo escuchas que todo el que escribe o compra Azagala le clava que si puñal o estilete en el pecho; lo mismo ahora, por vía digital les lanzo un dardo envenenado valiéndome de cerbatana. Así que ante este panorama, ni siquiera sabría decirte el tiempo transcurrido sin acercarme a la plaza, sin ver el reloj de la villa o la torre del cine; media vida sin llegar a la Plazina de Armas, al Reducto y menos a Las Laderas. Y me gustaría hacerlo, aunque sólo fuese por dar vida a los bares. Pareciese que viviese aquí sin gozar de lo propio. Tus padres a la playa, yo contigo, celebrándose el Medieval y no he visto nada, salvo a ti cada día con un atuendo, conformándome sólo con lo que me han contado, que el centro y la villa adentro  están muy bien engalanados, pero que, por el contrario, los puertoalbaqueños se involucran cada año menos. Y no lo olvides, eso es consecuencia de la desmembración social que estamos padeciendo entre los vecinos, daño colateral de las absurdas decisiones y maneras de hacer política aquí practicada; como tampoco que fue tu bisabuelo quien me metió en la cabeza la idea de la República que no llega, ni creo que llegue no estando yo ya aquí,  pero que me gustaría conocer antes de mi ida, no ya por mí sino por él, aunque ignoro si le sería leal.

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